Los primeros hombres en la luna (Herbert George Wells) - pág.34
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Mi asombro fue grande al ver que flotaban casi a un pie de distancia de la pared esférica. Después vi, por la sombra de Cavor, que éste no seguía recostado en el vidrio. Alargué la mano detrás de mí, y me hallé también suspendido en el espacio, separado del vidrio.
No grité ni gesticulé, pero el miedo me embargó. Aquello era como sentirse agarrado y suspendido por algo... por algo ignoto... El simple contacto de mi mano con el vidrio me imprimía un rápido movimiento.
Comprendí lo que había pasado, pero eso no me impidió asustarme; estábamos aislados de toda gravitación exterior; sólo la atracción de los objetos que contenía la esfera, tenía efecto. En consecuencia, to-do lo que no estaba fijo en el vidrio, caía - lentamente, por el poco peso que todos los cuerpos tenían allí,- hacia el centro de gravedad de nuestro pequeño mundo, al centro de nuestra esfera.
-Tenemos que darnos vuelta - dijo Cavor, - y flotar espalda con espalda, dejando las cosas entre el uno y el otro.
Era la más extraña sensación que se puede concebir, aquello de flotar blandamente en el espacio: al principio, de veras, horriblemente rara, y cuando el horror pasó, no del todo desagradable, puesto que
proporcionaba tal reposo que lo más aproximado que encuentro en la tierra, es lo de estar acostado en un lecho de plumas, muy espeso y blando. Pero ¡cuánta liberalidad, qué desprendimiento, qué indiferencia! Nunca había entrado en mis cálculos nada semejante. Había esperado sentir, en la partida, un violento sacudimiento, una vertiginosa sensación de velocidad. En vez de eso, sentía... como si me faltara el cuerpo. No era el principio de un viaje ; era el principio de un sueño.
V EL VIAJE A LA LUNA
En seguida, Cavor apagó la luz, diciendo que no había demasiada fuerza acumulada, y que la que teníamos debía economizarse para leer. Durante un rato, no sé si largo o corto, no hubo dentro de la esfera más que una lobreguez profunda.
Una cuestión surgía de aquel vacío:
-¿Hacia qué punto vamos?- pregunte. -¿Cuál es nuestra dirección?
-Nos alejamos de la tierra en tangente, y como la luna está cerca de su tercer cuarto, vamos de todos modos hacia ella. Voy a abrir una celosía...
Un chasquido... y la cubierta exterior de una de las ventanas se abrió.
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