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Los primeros hombres en la luna (Herbert George Wells) - pág.31

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Después de cenar me senté en un banco al lado de la puerta de la posada, y charlé con dos trabajadores acerca de la fabricación de ladrillos, sobre automó­viles, y sobra las cigarras del año anterior... Y en el firmamento, una media luna, alzándose azul y vaga
como un distante Alpe, iba a ocultarse por el Oeste; por donde había desaparecido el sol.
Al día siguiente volví al lado de Cavor.
- Me voy con usted - le dije.- He estado lige­ramente indispuesto... pero ya pasó
Esa fue la única vez que abrigué alguna seria du-da sobre nuestra empresa. ¡Nerviosidad pura! Des­pués, trabajé menos a prisa, y todos los días hice ejercicio durante una hora. Y, por fin, salvo la obra del calor, que continuaba en el horno, nuestros pre­parativos terminaron...

IV DENTRO DE LA ESFERA
- ¡Adentro!- dijo Cavor.
Yo estaba sentado en el borde del agujero de entrada, y miraba el lóbrego interior de la esfera... Nos hallábamos los dos solos. Era al caer de la tar­de, el sol se había puesto, y la calma del crepúsculo lo invadía todo.
Pasé hacia adentro la otra pierna, y me deslicé por el suave vidrio hasta el fondo de la esfera: una vez allí, alcé las manos para recibir las latas de con­servas y otros bultos que me pasaba Cavor. El aire interior estaba tibio: el termómetro se mantenía en 80 grados (F.) ; como no habíamos de perder nada de ese calor por radiación, estábamos vestidos con delgados trajes de franela y zapatillas. Sin embargo, llevábamos, un paquete de gruesas ropas de lana y
varias tupidas frazadas, para precavernos de algún posible trastorno. Siguiendo las instrucciones de Ca­vor, dejé los bultos, los cilindros de oxígeno y demás cosas, sueltos, a mis pies, y al poco rato estaba todo adentro. Cavor anduvo por sobre la cubierta de vi­drio no techada, durante un momento, viendo si no habíamos olvidado algo; después se deslizó hasta donde yo estaba. Noté que llevaba algo en la mano.
-¿Qué tiene usted ahí ?-le pregunté.
-¿Ha traído usted algo para leer?
-¡Caramba!¡ No!
-Yo me olvidé de decírselo. No estamos tan se­guros... el viaje puede durar... ¡podemos estar sema­nas en el aire!
-Pero...
-Y estaremos dentro de esta esfera flotante, sin la menor ocupación.
-¡Ojalá lo hubiera sabido yo!


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