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Los primeros hombres en la luna (Herbert George Wells) - pág.28

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Impartimos las órdenes necesarias para las ce­losías y marcos de acero que necesitábamos según los cálculos de aquella noche de trabajo, y la esfera de vidrio estuvo dibujada una semana después. Abandonamos enteramente nuestras conversaciones de la tarde y nuestros rutinarios hábitos: trabajába­mos, y dormíamos y comíamos cuando ya, no po­díamos trabajar más, de hambre y de cansancio. Nuestro entusiasmo contagió a los tres peones, aun­que ninguno de ellos tenía la menor idea del objeto a que la esfera estaba destinada. En esos días, Gibbs cesó de andar como acostumbraba é iba por todas
partes, aun por nuestras habitaciones, en una especie de carrera gimnástica.
Y la esfera tomaba forma. Pasaron diciembre, enero - invertí un día, escoba en mano, en abrir una senda en la nieve, de mi casita al laboratorio,- febre­ro y marzo. A fines de marzo, la conclusión de la obra, estaba ya a la vista. En enero había llegado un carro tirado por caballos y en él una enorme caja. Ya teníamos lista nuestra esfera de grueso vidrio, en po­sición bajo la grúa que habíamos erigido para alzarla y ponerla dentro de la cubierta de acero. Todas las barras y celosías de la cubierta de acero - la cual no era, en realidad, de forma esférica, sino poliédrica, con una celosía enrolladíza en cada cara,- habían lle­gado en febrero, y la mitad de abajo estaba ya ajusta­da. En marzo, la Cavorita estaba a medio hacer, la parte metálica había pasado dos de los períodos de su fabricación, y ya habíamos adherido una buena mitad de ella en las barras y celosías de acero. Era asombroso cuán estrictamente nos ceñíamos a las líneas de la primera inspiración de Cavor, al poner en práctica el proyecto. Cuando el ajustamiento de las piezas de la esfera hubo terminado, Cavor pro­puso que quitáramos el grosero techo del laboratorio provisional en que hacíamos la obra, y construyéra­mos un horno: con eso el último período de la fabri­cación de Cavorita, en el que la pasta se calienta hasta adquirir un color rojo obscuro, dentro de una corriente de hélium, se efectuaría cuando ya la subs­tancia estuviese adherida a la esfera.
Y después tuvimos que disentir, adoptar deci­siones acerca de las provisiones que llevaríamos: alimentos conservados, esencias concentradas, cilin­dros de acero llenos de oxígeno, un mecanismo para sacar el ácido carbónico y los residuos del aire, y pa­ra restablecer el oxígeno mediante el peróxido de sodio: condensadores de agua y todo lo demás.


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