Los primeros hombres en la luna (Herbert George Wells) - pág.12
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Las habitaciones del piso de abajo contenían bancos y aparatos; el horno y todo el local de la panadería se habían convertido en respetables hornallas, el sótano estaba ocupado por unos dinamos, y en el jardín había un gasómetro. Me lo enseñó con toda la confiada verbosidad de un hombre que ha vivido solo durante mucho tiempo. Su anterior aislamiento le hacía desbordarse en un exceso de confianza, y yo tuve la buena suerte de ser el recipiente de ella.
Los tres ayudantes eran buenos ejemplares de la clase de «hombres útiles» de la cual procedían, cons
cientes aunque ininteligentes, vigorosos, atentos y de buena voluntad. Uno de ellos, Spargus, que tenía, a su cargo la cocina y todo el trabajo en metales, había sido marinero; el segundo, Gibbs, era un carpintero ensamblador, y el tercero había sido jardinero a ratos y entonces ocupaba el puesto de ayudante general. Los tres no eran otra cosa que peones; todo el trabajo que requería inteligencia lo hacía Cavor. La ignorancia de los tres sobre lo que éste hacia era la más profunda, aun comparada con la confusa impresión que Yo tenía de ello.
Ahora, hablemos de la naturaleza de esas investigaciones. Aquí, desgraciadamente, encuentro una grave dificultad. Yo no soy entendido en ciencias, y si fuera a exponer en el lenguaje altamente científico del señor Cavor el objetivo a que tendían sus experimentos, temo que no sólo confundiría al lector sino también que me confundiría yo, y es casi seguro que diría algún disparate, conquistándome las burlas de todos los estudiantes del país enterados de los progresos de las matemáticas físicas. Creo, por lo tanto, que lo mejor que puedo hacer es presentar mis impresiones en mi propio lenguaje inexacto, sin tentativa alguna de vestirme con ropajes de conocimientos que no tengo por qué tener.
El objeto de la investigación del señor Cavor era una substancia que fuera «opaca»; - empleaba además otra palabra que he, olvidado, pero «opaca» expresa la idea - a «todas las formas de la energía radiante.» «Energía radiante» me explicó era cualquier cosa como la luz y el calor, o como los rayos Röntgen de que se habló tanto hace un año o algo así, o como las ondas eléctricas de Marconi, o como la gravitación. Todas esas cosas, decía, irradian de centros y obran sobre los cuerpos a la distancia, de donde viene el término «energía radiante.
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