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La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.48

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hasta el fondo, vi agitarse una pequeña y blanca criatura con unos ojos
brillantes que me miraban fijamente. Esto me hizo estremecer. ¡Aquel ser se
asemejaba a una araña humana! Descendía por la pared y divisé ahora por primera
vez una serie de soportes y de asas de metal formando una especie de escala, que
se hundía en la abertura. Entonces la llama me quemó los dedos y la solté,
apagándose al caer; y cuando encendí otra, el pequeño monstruo había
desaparecido.

No sé cuánto tiempo permanecí mirando el interior de aquel pozo. Necesité un
rato para conseguir convencerme a mí mismo de que aquella cosa entrevista era un
ser humano. Pero, poco a poco, la verdad se abrió paso en mí: el Hombre no había
seguido siendo una especie única, sino que se había diferenciado en dos animales
distintos; las graciosas criaturas del Mundo Superior no eran los solos
descendientes de nuestra generación, sino que aquel ser, pálido, repugnante,
nocturno, que había pasado fugazmente ante mí, era también el heredero de todas
las edades.

Pensé en las columnas de aireación y en mi teoría de una ventilación
subterránea. Empecé a sospechar su verdadera importancia. ¿Y qué viene a hacer,
me pregunté, este Lémur en mi esquema de una organización perfectamente
equilibrada? ¿Qué relación podía tener con la indolente serenidad de los
habitantes del Mundo Superior? ¿Y qué se ocultaba debajo de aquello en el fondo
de aquel pozo? Me senté sobre el borde diciéndome que, en cualquier caso, no
había nada que temer, y que debía yo bajar allí para solucionar mis apuros. ¡Y
al mismo tiempo me aterraba en absoluto bajar! Mientras vacilaba, dos de los
bellos seres del Mundo Superior llegaron corriendo en su amoroso juego desde la
luz del sol hasta la sombra. El varón perseguía a la hembra, arrojándole flores
en su huida.

Parecieron angustiados de encontrarme, con mi brazo apoyado contra la columna
caída, y escrutando el pozo. Al parecer, estaba mal considerado el fijarse en
aquellas aberturas; pues cuando señalé ésta junto a la cual estaba yo e intenté
dirigirles una pregunta sobre ello en su lengua, se mostraron más angustiados


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