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La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.47

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piedras caídas. En contraste con la luz deslumbrante del exterior, me pareció al
principio de una oscuridad impenetrable. Entré a tientas, pues el cambio de la
luz a las tinieblas hacía surgir manchas flotantes de color ante mí. De repente
me detuve como hechizado. Un par de ojos, luminosos por el reflejo de la luz de
afuera, me miraba fijamente en las tinieblas.

El viejo e instintivo terror a las fieras se apoderó nuevamente de mí. Apreté
los puños y miré con decisión aquellos brillantes ojos. Luego, el pensamiento de
la absolu_ ta seguridad en que la Humanidad parecía vivir se apareció a mi
mente. Y después recordé aquel extraño terror a las tinieblas. Dominando mi
pavor hasta cierto punto, avancé un paso y hablé. Confesaré que mi voz era
bronca e insegura. Extendí la mano y toqué algo suave. Inmediatamente los ojos
se apartaron y algo blanco huyó rozándome. Me volví con el corazón en la
garganta, y vi una extraña figurilla de aspecto simiesco, sujetándose la cabeza
de una manera especial, cruzar corriendo el espacio iluminado por el sol, a mi
espalda. Chocó contra un bloque de granito, se tambaleó, y en un instante se
ocultó en la negra sombra bajo otro montón de escombros de las -ruinas.

La impresión que recogí de aquel ser. fue, naturalmente, imperfecta; pero sé que
era de un blanco desvaído, y, que tenía unos ojos grandes y extraños de un rojo
grisáceo, y también unos cabellos muy rubios que le caían por la espalda. Pero,
como digo, se movió con demasiada rapidez para que pudiese verle con claridad.
No puedo siquiera decir si corría a cuatro pies, o tan sólo manteniendo sus
antebrazos muy bajos. Después de unos instantes de detención le seguí hasta el
segundo montón de ruinas. No pude encontrarle al principio; pero después de un
rato entre la profunda oscuridad, llegué a una de aquellas aberturas redondas y
parecidas a un pozo de que ya les he hablado a ustedes, semiobstruida por una
columna derribada. Un pensamiento repentino vino a mi mente. ¿Podría aquella
Cosa haber desaparecido por dicha abertura abajo? Encendí una cerilla y, mirando


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