Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > La Máquina del tiempo (Herbert George Wells)

 

La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.46

Indice General | Volver

Página 46 de 97


una vez más sus vivos colores sobre el mundo, escruté profundamente el paisaje,
pero no percibí ningún vestigio de mis figuras blancas. Eran simplemente seres
de la media luz. «Deben de haber sido fantasmas -me dije . Me pregunto qué edad
tendrán.» Pues una singular teoría de Grant Allen[11] vino a mi mente, y me
divirtió. Si cada generación fenece y deja fantasmas, argumenta él, el mundo al
final estará atestado de ellos. Según esa teoría habrían crecido de modo
innumerable dentro de unos ochocientos mil años a contar de esta fecha, y no
sería muy sorprendente ver cuatro a la vez. Pero la broma no era convincente y
me pasé toda la mañana pensando en aquellas figuras, hasta que gracias a Weena
logré desechar ese pensamiento. Las asocié de una manera vaga con el animal
blanco que había yo asustado en mi primera y ardorosa busca de la Máquina del
Tiempo.

Pero Weena era una grata sustituta. Sin embargo, todas ellas estaban destinadas
pronto a tomar una mayor y más implacable posesión de mi espíritu.

Creo haberles dicho cuánto más calurosa que la nuestra era la temperatura de esa
Edad de Oro. No puedo explicarme por qué. Quizá el sol era más fuerte, o la
tierra estaba más cerca del sol. Se admite, por lo general, que el sol se irá
enfriando constantemente en el futuro. Pero la gente, poco familiarizada con
teorías tales como las de Darwin[12], olvida que los planetas¡ deben finalmente
volver a caer uno por uno dentro de la masa que los engendró. Cuando esas
catástrofes ocurran, el sol llameará con renovada energía; y puede que algún
planeta interior haya sufrido esa suerte. Sea cual fuere la razón, persiste el
hecho de que el sol era mucho más fuerte que el que nosotros conocemos.

Bien, pues una mañana muy calurosa -la cuarta, creo, de mi estancia-, cuando
intentaba resguardarme del calor y de la reverberación entre algunas ruinas
colosales cerca del gran edificio donde dormía y comía, ocurrió una cosa
extraña. Encaramándome sobre aquel montón de mampostería, encontré una estrecha
galería, cuyo final y respiradero laterales estaban obstruidos por masas de


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-97  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados