Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > La Máquina del tiempo (Herbert George Wells)

 

La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.42

Indice General | Volver

Página 42 de 97


la Edad de oro y yo! Me daba cuenta de muchas cosas invisibles que contribuían a
mi bienestar; pero salvo por una impresión general de organización automática,
temo no poder hacerles comprender a ustedes sino muy poco de esa diferencia.

En lo referente a la sepultura, por ejemplo, no podía yo ver signos de
cremación, ni nada que sugiriese tumbas. Pero se me ocurrió que, posiblemente,
habría cementerios (u hornos crematorios) en alguna parte, más allá de mi línea
de exploración. Fue ésta, de nuevo, una pregunta que me planteé deliberadamente
y mi curiosidad sufrió un completo fracaso al principio con respecto a ese
punto. La cosa me desconcertaba, y acabé por hacer una observación ulterior que
me desconcertó más aún: que no había entre aquella gente ningún ser anciano o
achacoso.

Debo confesar que la satisfacción que sentí por mi primera teoría de una
civilización automática y de una Humanidad en decadencia, no duró mucho tiempo.
Sin embargo, no podía yo imaginar otra. Los diversos enormes palacios que había
yo explorado eran simples viviendas, grandes salones comedores y amplios
dormitorios. No pude encontrar ni máquinas ni herramientas de ninguna clase. Sin
embargo, aquella gente iba vestida con bellos tejidos, que deberían
necesariamente renovar de vez en cuando, y sus sandalias, aunque sin adornos,
eran muestras bastante complejas de labor metálica. De un modo o de otro tales
cosas debían ser fabricadas. Y aquella gentecilla no revelaba indicio alguno de
tendencia creadora. No había tiendas, ni talleres, ni señal ninguna de
importaciones entre ellos. Gastaban todo su tiempo en retozar lindamente, en
bañarse In el río, en hacerse el amor de una manera semijuguetona, en comer
frutas y en dormir. No pude ver cómo se conseguía que las cosas siguieran
marchando.

Volvamos, entonces, a la Máquina del Tiempo: alguien, no sabía yo quién, la
había encerrado en el pedestal hueco de la Esfinge Blanca. ¿Por qué? A fe mía no
pude imaginarlo. Había también aquellos pozos sin agua, aquellas columnas de
aireación. Comprendí que me faltaba una pista. Comprendí..., ¿cómo les
explicaría aquello? Supónganse que encuentran ustedes una inscripción, con


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-97  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados