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La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.40

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antiguo estado. Hice todos los progresos que pude en su lengua, y, además,
proseguí mis exploraciones aquí y allá. A menos que no haya tenido en cuenta
algún punto -sutil, su lengua parecía excesivamente simple, compuesta casi
exclusivamente de sustantivos concretos y verbos. En lo relativo a los
sustantivos abstractos, parecía haber pocos (si los había). Empleaban
escasamente el lenguaje figurado. Como sus frases eran por lo general simples y
de dos palabras, no pude darles a entender ni comprender yo sino las cosas más
sencillas. Decidí apartar la idea de mi Máquina del Tiempo y el misterio de las
puertas de bronce de la esfinge hasta donde fuera posible, en un rincón de mi
memoria, esperando que mi creciente conocimiento me llevase a ella por un camino
natural. Sin embargo, cierto sentimiento, como podrán ustedes comprender, me
retenía en un círculo de unas cuantas millas alrededor del sitio de mi llegada.



EXPLICACION


Hasta donde podía ver, el mundo entero desplegaba la misma exuberante riqueza
que el valle del Támesis. Desde cada colina a la que yo subía, vi la misma
profusión de edificios espléndidos, infinitamente variados de materiales y de
estilos; los mismos amontonamientos de árboles de hoja perenne, los mismos
árboles cargados de flores y los mismos altos helechos. Aquí y allá el agua
brillaba como plata, y más lejos la tierra se elevaba en azules ondulaciones de
colinas, y desaparecía así en la serenidad del cielo. Un rasgo peculiar que
pronto atrajo mi atención fue la presencia de ciertos pozos circulares, varios
de ellos, según me pareció, de una profundidad muy grande. Uno se hallaba
situado cerca del sendero que subía a la colina, y que yo había seguido durante
mi primera caminata. Como los otros, estaba bordeado de bronce, curiosamente
forjado, y protegido de la lluvia por una pequeña cúpula. Sentado sobre el borde
de aquellos pozos, y escrutando su oscuro fondo, no pude divisar ningún
centelleo de agua, ni conseguir ningún reflejo con la llama de una cerilla. Pero
en todos ellos oí cierto ruido: un toc-toc-toc, parecido a la pulsación de


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