Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > La Máquina del tiempo (Herbert George Wells)

 

La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.34

Indice General | Volver

Página 34 de 97


Podía
yo ver el argentado abedul enfrente. Había allí, por un lado, el macizo de
rododendros, negro en la pálida claridad, v por el otro la pequeña pradera, que
volví a contemplar. Una extraña duda heló mi satisfacción. «No», me dije con
resolución, «ésa no es la pradera».

Pero era la pradera. Pues la lívida faz leprosa de la esfinge estaba vuelta
hacia allí. ¿Pueden ustedes imaginar lo que sentí cuando tuve la plena
convicción de ello? No Podrían. ¡La Máquina del Tiempo había desaparecido!

En seguida, como un latigazo en la cara, se me ocurrió la posibilidad de perder
mi propia época, de quedar abandonado e impotente en aquel extraño mundo nuevo.
El simple pensamiento de esto representaba una verdadera sensación física.
Sentía que me agarraba por la garganta, cortándome la. respiración. Un momento
después sufrí un ataque de miedo y corrí con largas zancadas ladera abajo. En
seguida tropecé, caí de cabeza y me hice un corte en la cara; no perdí el tiempo
en restañar la sangre, sino que salté de nuevo en pie y seguí corriendo,
mientras me escurría la sangre caliente por la mejilla y el mentón. Y mientras
corría me iba diciendo a mí mismo: «La han movido un poco, la han empujado
debajo del macizo, fuera del camino.» Sin embargo, corría todo cuanto me era
posible. Todo el tiempo, con la certeza que algunas veces acompaña a un miedo
excesivo, yo sabía que tal, seguridad era una locura, sabía instintivamente que
la máquina había sido transportada fuera de mi alcance. Respiraba penosamente.
Supongo que recorrí la distancia entera desde la cumbre de la colina hasta la
pradera, dos millas aproximadamente, en diez minutos. Y no soy ya un joven.
Mientras iba corriendo maldecía en voz alta mi necia confianza, derrochando así
mi aliento. Gritaba muy fuerte y nadie contestaba. Ningún ser parecía agitarse
en aquel mundo iluminado por la luna.

Cuando llegué a la pradera mis peores temores se realizaron. No se veía el menor
rastro de la máquina. Me sentí desfallecido y helado cuando estuve frente al
espacio vacío, entre la negra maraña de los arbustos.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-97  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados