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La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.20

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tambaleó y salí despedido de cabeza por el aire.

Hubo un ruido retumbante de trueno en mis oídos. Debí quedarme aturdido un
momento. Un despiadado granizo silbaba a mi alrededor, y me encontré sentado
sobre una blanda hierba, frente a la máquina volcada. Todo. me pareció gris
todavía, pero pronto observé que el confuso ruido en mis oídos había
desaparecido. Miré en derredor. Estaba lo que parecía ser un pequeño prado de un
jardín, rodeado de macizos de rododendros; y observé que sus flores malva y
púrpura caían como una lluvia bajo el golpeteo de las piedras de granizo. La
rebotante y danzarina granizada caía en una nubecilla sobre la máquina, y se
moría a lo largo de la tierra como una humareda. En un momento me encontré
calado hasta los huesos.

Bonita hospitalidad -dije- con un hombre que ha viajado innumerables años para
veros.

Pronto pensé que era estúpido dejarse empapar. Me levanté y miré a mi alrededor.
Una figura colosal, esculpida al parecer en una piedra blanca, aparecía
confusamente más allá de los rododendros, a través del aguacero brumoso. Pero
todo el resto del mundo era invisible.

Sería difícil describir mis sensaciones. Como las columnas de granizo
disminuían, vi la figura blanca más claramente. Parecía muy voluminosa, pues un
abedul plateado tocaba sus hombros. Era de mármol blanco, algo parecida en su
forma a una esfinge alada; pero las alas, en lugar de llevarlas verticalmente a
los lados, estaban desplegadas de modo que parecían planear. El pedestal me
pareció que era de bronce y estaba cubierto de un espeso verdín. Sucedió que la
cara estaba de frente a mí; los ojos sin vista parecían mirarme; había la débil
sombra de una sonrisa sobre sus labios. Estaba muy deteriorada por el tiempo, y
ello le comunicaba una desagradable impresión de enfermedad. Permanecí
contemplándola un breve momento, medio minuto quizá, o media hora. Parecía
avanzar y retroceder según cayese delante de ella el granizo más denso o más
espaciado. Por último aparté mis ojos de ella por un momento, y vi que la
cortina de granizo aparecía más transparente, y que el cielo se iluminaba con la


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