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La Máquina del tiempo (Herbert George Wells) - pág.9

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anterior a ése, ¡y así sucesivamente!

-Serias objeciones -observó el Corregidor con aire de imparcialidad, volviéndose
hacia el Viajero a través del Tiempo.

-Nada de eso -dijo éste, y luego, dirigiéndose al Psicólogo-: piénselo. Usted
puede explicar esto. Ya sabe usted que hay una representación bajo el umbral,
una representación diluida.

-En efecto -dijo el Psicólogo, y nos tranquilizó-. es un simple punto de
psicología. Debería haber pensado en ello. Es bastante claro y sostiene la
paradoja deliciosamente. No podemos ver, ni podemos apreciar esta como tampoco
podemos ver el rayo de una rueda en plena rotación, o una bala volando por el
aire. Si viaja a través del tiempo cincuenta o cien veces más de prisa que
nosotros, si recorre un minuto mientras nosotros un segundo, la impresión
producida será, naturalmente, tan sólo una cincuentésima o una centésima de lo
que sería si no viajase a través del tiempo. Está bastante claro.

Paso su mano por el sitio donde había estado la máquina

-¿Comprenden ustedes? -dijo riendo.

Seguimos sentados mirando fijamente la mesa vacía te casi un minuto. Luego el
Viajero a través del po nos preguntó qué pensábamos de todo aquello.

-Me parece bastante plausible esta noche -dijo el r-; pero hay que esperar hasta
mañana. De día se ven las cosas de distinto modo.

-¿Quieren ustedes ver la auténtica Máquina del Tiempo? -preguntó el Viajero a
través del Tiempo.

Y, dicho esto, cogió una lámpara y mostró el camino el largo y oscuro corredor
hacia su laboratorio. Recuerdo vivamente la luz vacilante, la silueta de su
extraña y a cabeza, la danza de las sombras, cómo le seguíamos perplejos pero
incrédulos, y cómo allí, en el laboratorio, contemplamos una reproducción en
gran tamaño de la maquinita que habíamos visto desvanecerse ante nuestros ojos.
Tenía partes de níquel, de marfil, otras que habían sido indudablemente limadas
o aserradas de un cristal de roca. La máquina estaba casi completa, pero unas
barras de cristal retorcido sin terminar estaban colocadas sobre un banco de
carpintero, junto a algunos planos; cogí una de aquéllas para examinarla mejor.


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