Los Miserables (Víctor Hugo) - pág.201
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Dejadme ayudaros. Una idea atravesó por la imaginación de Marius. ¿Quién desdeña una rama cualquiera cuando se siente caer?
Se acercó a la Jondrette.
-Escucha -le dijo.
-Sí, sí, tuteadme -dijo ella con un relámpago de alegría en sus ojos.
-Pues bien -replicó Marius-, ¿tú trajiste aquí a ese caballero anciano con su hija?
-Sí.
-¿Sabes dónde viven?
-No.
Averígualo.
La mirada de la Jondrette de triste se había vuelto alegre, de alegre se tornó sombría.
-¿Eso es lo que queréis? -preguntó.
-Sí.
-¿Los conocéis acaso?
-No.
-Es decir -replicó vivamente-, no la conocéis, pero queréis conocerla.
Aquellos los que se habían convertido en la tenían un no sé qué de significativo y de amargo.
-¿Puedes o no? -dijo Marius.
-Tendréis las señas de esa hermosa señorita.
Había en las palabras hermosa señorita un acento que importunó a Marius, el cual replicó:
-La dirección del padre y de la hija. Eso es lo que quiero. .
La Jondrette lo miró fijamente.
-¿Qué me daréis?
-Todo lo que quieras.
-¿Todo lo que yo quiera?
-Si.
-Tendréis esas señas.
Bajó la cabeza; luego con un movimiento brusco tiró de la puerta y salió. Marius quedó solo.
Todo lo que había pasado desde la mañana, la aparición del ángel, su desaparición, lo que aquella muchacha acababa de decirle, un vislumbre de esperanza flotando en una inmensa desesperación, todo esto llenaba confusamente su cerebro.
De pronto vio interrumpida violentamente su meditación.
Oyó la voz alta y dura de Jondrette pronunciar estas palabras, que para él tenían el más grande interés.
-Te digo que estoy seguro y que lo he reconocido.
¿De quién hablaba Jondrette? ¿A quién había reconocido? ¿Al señor Blanco? ¿Al padre de su Ursula? ¿Acaso Jondrette los conocía? ¿Iba Marius a tener de aquel modo brusco a inesperado todas las informaciones, sin las cuales su vida era tan obscura? ¿Iba a saber, por fin, a quién amaba? ¿Quién era aquella joven? ¿Quién era su padre? ¿Estaba a punto de iluminarse la espesa sombra que los cubría? ¿Iba a romperse el velo? ¡Ah, santo cielo!
Saltó más bien que subió sobre la cómoda, y volvió a su puesto cerca del pequeño agujero del tabique.
Desde allí volvió a ver el interior de la cueva de Jondrette.
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