Fábulas literarias (Tomás de Iriarte) - pág.36
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«¡Ay, ay! ¡Qué surco tan torcido has hecho!»
Pero él la respondió: «Señora mía,
si no estuviera lo demás derecho, 5
usted no conociera lo torcido.
Calle, pues, la haragana reparona;
que a mi amo sirvo bien, y él me perdona
entre tantos aciertos, un descuido.»
¡Miren quién hizo a quién cargo tan 10
fútil!
¡Una cigarra al animal más útil!
Mas ¿si me habrá entendido
el que a tachar se atreve
en obras grandes un defecto leve?
Muy necio y envidioso es quien afea un pequeño descuido en una obra
grande.
- XXXVIII - El guacamayo y la marmota
Un pintado guacamayo
desde un mirador veía
cómo un extranjero payo,
que saboyano sería,
por dinero una alimaña 5
enseñaba muy feota,
dándola por cosa extraña:
es a saber: la marmota.
Salía de su cajón
aquel ridículo bicho; 10
y el ave, desde el balcón,
le dijo: «¡Raro capricho,
siendo tú fea, que así
dinero por verte den,
cuando siendo hermoso, aquí 15
todos de balde me ven!
Puede que seas, no obstante,
algún precioso animal;
mas yo tengo ya bastante
con saber que eres venal.
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