Fábulas literarias (Tomás de Iriarte) - pág.29
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pudo llegarle al pelo,
ni extrañas invenciones
de varias e ingeniosas ratoneras,
o el rejalgar en dulces confecciones
curar lograron su incesante anhelo 10
de registrar las doctas papeleras,
y acribillar las páginas enteras.
Quiso luego la trampa
que el perseguido autor diese a la estampa
sus obras de elocuencia y poesía: 15
y aquel bicho travieso,
si antes el manuscrito le roía,
mucho mejor roía ya lo impreso.
«¡Qué desgracia la mía!
El literato exclama: ya estoy harto 20
de escribir para gente roedora;
y por no verme en esto, desde ahora
papel blanco no más habrá en mi cuarto.
Yo haré que este desorden se corrija...»
Pero sí: la traidora sabandija, 25
tan hecha a malas mañas, igualmente
en el blanco papel hincaba el diente.
El autor, aburrido,
echa en la tinta dosis competente
de solimán molido 30
escribe (yo no sé si en prosa o verso):
devora, pues, el animal perverso,
y revienta por fin... «¡Feliz receta!
Dijo entonces el crítico poeta:
quien tanto roe, mire no le escriba 35
con un poco de tinta corrosiva.»
Bien hace quien su crítica modera,
pero usarla conviene más severa
contra censura injusta y ofensiva,
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