Fábulas literarias (Tomás de Iriarte) - pág.28
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a voltear su asador,
que esta empresa es superior
a las fuerzas de un gozquejo.
¡Miren el mulo bellaco, 45
y qué bien le replicó!
Lo mismo he leído yo
en un tal Horacio Flaco,
que a un autor da por gran yerro
cargar con lo que después 50
no podrá llevar; esto es,
que no ande la noria el perro.
Nadie emprenda obra superior a sus fuerzas.
- XXIX - El papagayo, el tordo y la marica
Oyendo un tordo hablar a un papagayo,
quiso que él, y no el hombre, le enseñara;
y con sólo un ensayo
creyó tener pronunciación tan clara,
que en ciertas ocasiones
a una marica daba ya lecciones.
Así, salió tan diestra la marica
como aquel que al estudio se dedica
por copias y por malas traducciones.
Conviene estudiar los autores originales,
no los copiantes y malos
traductores.
- XXX - El erudito y el ratón
En el cuarto de un célebre erudito
se hospedaba un ratón, ratón maldito,
que no se alimentaba de otra cosa
que de roerle siempre verso y prosa.
Ni de un gatazo el vigilante celo 5
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