Fábulas literarias (Tomás de Iriarte) - pág.25
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admirándose del traje
y suponiendo sería
mucha la sabiduría, 40
ingenio y tino mental
del petimetre animal.
Opinan luego al instante,
y nemine discrepante,
que a la nueva compañera 45
la dirección se confiera
de cierta gran correría,
con que buscar se debía
en aquel país tan vasto
la provisión para el gasto 50
de toda la mona tropa.
(¡Lo que es tener buena ropa!)
La directora, marchando
con las huestes de su mando
perdió, no sólo el camino, 55
sino, lo que es más, el tino.
Y sus necias compañeras
atravesaron laderas,
bosques, valles, cerros, llanos,
desiertos, ríos, pantanos; 60
y al cabo de la jornada
ninguna dio palotada.
Y eso que en toda su vida
hicieron otra salida
en que fuese el capitán 65
más tieso ni más galán.
Por poco no queda mona
a vida con la intentona;
y vieron por experiencia
que la ropa no da ciencia. 70
Pero sin ir a Tetuán,
también acá se hallarán
monos que, aunque se vistan de
estudiantes,
se han de quedar lo mismo que eran
antes.
Hay trajes propios de algunas profesiones literarias, con los cuales
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