Fábulas literarias (Tomás de Iriarte) - pág.13
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Luego de aquella tierra un habitante
introdujo el comerlos estrellados.
¡Oh qué elogios se oyeron a porfía
de su rara y fecunda fantasía! 15
Otro discurre hacerlos escalfados.
¡Pensamiento feliz! Otro rellenos...
¡Ahora sí que están los huevos buenos!
Uno después inventa la tortilla,
y todos claman ya: ¡qué maravilla! 20
No bien se pasó un año,
cuando otro dijo: «Sois unos petates:
yo los haré revueltos con tomates.»
Y aquel guiso de huevos tan extraño,
con que toda la isla se alborota, 25
hubiera estado largo tiempo en uso,
a no ser porque luego los compuso
un famoso extranjero a la Hugonota.
Esto hicieron diversos cocineros;
pero ¡qué condimentos delicados 30
no añadieron después los reposteros!
Moles, dobles, hilados,
en caramelo, en leche,
en sorbete, en compota, en escabeche.
Al cabo todos eran inventores, 35
y los últimos huevos los mejores.
Mas un prudente anciano
les dijo un día: «Presumís en vano
de esas composiciones peregrinas.
¡Gracias al que nos trajo las gallinas! 40
Tantos autores nuevos
¿no se pudieran ir a guisar huevos
más allá de las islas Filipinas?
No falta quien quiera pasar por autor original cuando no hace más
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