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Drácula (Abraham Stroker) - pág.373

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Las fuerzas fueron distribuidas en gran parte como lo habían sido en Varna, excepto que lord Godalming fue a ver al vicecónsul, puesto que su título podría servirle como garantía inmediata en cierto modo, ante el funcionario, debido a que teníamos una prisa extraordinaria. Jonathan y los dos médicos fueron a ver al agente de embarque para conocer todos los detalles sobre la llegada del Czarina Catherine.
Más tarde. Lord Godalming ha regresado. El cónsul está fuera y el vicecónsul enfermo; de modo que el trabajo de rutina es atendido por un secretario. Fue muy amable y ofreció hacer todo lo que estuviera en su poder.

Del diario de Jonathan Harker
30 de octubre. A las nueve, el doctor van Helsing, el doctor Seward y yo visitamos a los señores Mackenzie y Steinkoff, los agentes de la firma londinense de Hapgood. Habían recibido un telegrama de Londres, en respuesta a la petición telegráfica de lord Godalming, rogándoles que nos demostraran toda la cortesía posible y que nos ayudaran tanto como pudieran. Fueron más que amables y corteses, y nos llevaron inmediatamente a bordo del Czarina Catherine, que estaba anclado en el exterior, en la desembocadura del río. Allí encontramos al capitán, de nombre Donelson, que nos habló de su viaje. Nos dijo que en toda su vida no habí a tenido un viento tan favorable.
-¡Vaya! -dijo-. Pero estábamos temerosos, debido a que temíamos tener que pagar con algún accidente o algo parecido la suerte extraordinaria que nos favoreció durante todo el viaje. No es corriente navegar desde Londres hasta el Mar Negro con un viento en popa que parecía que el diablo mismo estaba soplando sobre las velas, para sus propios fines. Al mismo tiempo, no alcanzamos a ver nada. En cuanto nos acercábamos a un barco o a tierra, una neblina descendía sobre nosotros , nos cubría y viajaba con nosotros, hasta que cuando se levantaba, mirábamos en torno nuestro y no alcanzábamos a ver nada. Pasamos por Gibraltar sin poder señalar nuestro paso, y no pudimos comunicarnos hasta que nos encontramos en los Dardanelos, esperando que nos dieran el correspondiente permiso. Al principio, me sentía inclinado a arriar las velas y a esperar a que la niebla se levantara, pero, entre tanto, pensé que si el diablo tenia interés en hacernos llegar rápidamente al Mar Negro, era probable que lo hiciera,


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