Drácula (Abraham Stroker) - pág.368
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Así, fue a Londres, a invadir una nueva tierra. Fue derrotado, y cuando perdió toda esperanza de triunfo y vio que su existencia estaba en peligro, regresó por el mar hacia su hogar; exactamente como antes había huido sobre el Danubio, procedente de tierras turcas.
-¡Magnífico! ¡Magnífico! ¡Es usted una mujer extraordinariamente inteligente! -dijo van Helsing, con entusiasmo, al tiempo que se inclinaba y le besaba la mano. Un momento más tarde me dijo, con la misma calma que si hubiéramos estado llevando a cabo una auscultación a un enfermo:
-Solamente setenta y dos y con toda esta excitación. Tengo esperanzas -se volvió nuevamente hacia ella y dijo, con una gran expectación-: Continúe. ¡Continúe! Puede usted decirnos más si lo desea; John y yo lo sabemos. Por lo menos, yo lo sé, y le diré si está usted o no en lo cierto. ¡Hable sin miedo!
-Voy a intentarlo; pero espero que me excusen ustedes si les parezco egoísta.
-¡No! No tema. Debe ser usted egoísta, ya que es en usted en quien pensamos.
-Entonces, como es criminal, es egoísta; y puesto que su intelecto es pequeño y sus actos están basados en el egoísmo, se limita a un fin. Ese propósito carece de remordimientos. Lo mismo que atravesó el Danubio, dejando que sus tropas fueran destrozadas, así, ahora, piensa en salvarse, sin que le importe otra cosa. Así, su propio egoísmo libera a mi alma, hasta cierto punto, del terrible poder que adquirió sobre mí aquella terrible noche. ¡Lo siento! ¡Oh, lo siento! ¡Gracias a Dios por su enorme misericordia! Mi alma está más libre que lo que lo ha estado nunca desde aquella hora terrible, y lo único que me queda es el temor de que en alguno de mis trances o sueños, haya podido utilizar mis conocimientos para sus fines.
El profesor se puso en pie, y dijo:
-Ha utilizado su mente; por eso nos ha dejado aquí, en Varna, mientras el barco que lo conducía avanzaba rápidamente, envuelto en la niebla, hacia Galatz, donde, sin duda, lo había preparado todo para huir de nosotros. Pero su mente infantil no fue más allá, y es posible que, como siempre sucede de acuerdo con la Providencia Divina, lo que el criminal creía que era bueno para su bienestar egoísta, resulta ser el daño más importante que recibe. El cazador es atrapado en su propia trampa, como dice el gran salmista.
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