Drácula (Abraham Stroker) - pág.364
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Además, tenemos algo que preparar. Debemos reflexionar. Tenemos que organizarnos. Usted, amigo Arthur, vaya a la estación, adquiera los billetes y tome todas las disposiciones pertinentes para que podamos ponernos en camino mañana. Usted, amigo Jonathan, vaya a ver al agente del armador para que le dé órdenes para el agente en Galatz, con el fin de que podamos practicar un registro del barco tal como lo habíamos hecho aquí. Quincey Morris, vea usted al vicecónsul y obtenga su ayuda para entrar en relación con su colega en
Galatz y que haga todo lo posible para allanarnos el camino, con el fin de que no tengamos que perder tiempo cuando estemos sobre el Danubio. John deberá permanecer con la señora Mina y conmigo y conversaremos. Así, si pasa el tiempo y ustedes se retrasan, no importará que llegue el momento de la puesta del sol, puesto que yo estaré aquí con la señora Mina, para que nos haga su informe.
-Y yo -dijo la señora Harker vivamente, con una expresión más parecida a la antigua, de sus días felices, que la que le habíamos visto desde hacía muchos días-, voy a tratar de serles útil de todas las formas posibles y debo pensar y escribir para ustedes, como lo hacía antes. Algo está cambiando en
mí de una manera muy extraña, ¡y me siento más libre que lo que lo he estado durante los últimos tiempos!
Los tres más jóvenes parecieron sentirse más felices en el momento en que les pareció comprender el significado de sus palabras, pero van Helsing y yo nos miramos con gravedad y una gran preocupación. Sin embargo, no dijimos nada en ese momento. Cuando los tres hombres salieron, para ocuparse de los encargos que les habían sido confiados, van Helsing le pidió a la señora Harker que buscara las copias de los diarios y le llevara la parte del diario de Harker relativo al castillo. La dama se fue a buscar lo que le había pedido el profesor. Este, en cuanto la puerta se cerró tras ella, me dijo:
-¡Pensamos lo mismo! ¡Hable!
-Se ha producido un cambio. Es una esperanza que me pone enfermo, debido a que podemos sufrir una decepción.
-Exactamente. ¿Sabe usted por qué le pedí a ella que me fuera a buscar el manuscrito?
-¡No! -le dije-, a menos que fuera para tener oportunidad de hablar conmigo a solas.
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