Drácula (Abraham Stroker) - pág.354
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Luego, tomando una mano de su esposo entre las suyas, comenzó a decir:
-¡Estamos todos juntos aquí, libremente, quizá por última vez! Ya lo sé, querido; ya sé que tú estarás siempre conmigo, hasta el fin -eso lo dijo dirigiéndose a su esposo, cuya mano, como pudimos ver, tenía apretada-. Mañana vamos a irnos, para llevar a cabo nuestra tarea, y solamente Dios puede saber lo que nos espera a cada uno de nosotros. Van a ser muy buenos conmigo al aceptar llevarme. Sé lo que todos ustedes, hombres sinceros y buenos, pueden hacer por una pobre y débil mujer, cuya alma está quizá perdida... ¡No, no, no! ¡Todavía no! Pero es algo que puede producirse tarde o temprano. Y sé
que lo harán. Y deben recordar que yo no soy como ustedes. Hay un veneno en mi sangre y en mi alma, que puede destruirme; que debe destruirme, a menos que obtengamos algún alivio. Amigos míos, saben ustedes tan bien como yo que mi alma está en juego, y aun cuando sé que hay un modo en que puedo salir de esta situación, ni ustedes ni yo debemos aceptarlo.
Nos miró de manera suplicante a todos, uno por uno, comenzando y terminando con su esposo.
-¿Cuál es ese modo? -inquirió van Helsing, con voz ronca. ¿Cuál es esa solución que no debemos ni podemos aceptar?
-Que muera yo ahora mismo, ya sea por mi propia mano o por mano de alguno de ustedes, antes de que el mal sea consumado. Tanto ustedes como yo sabemos que una vez muerta, ustedes podrían liberar mi espíritu y lo harían, como lo hicieron en el caso de la pobre y querida Lucy. Si fuera la
muerte o el miedo a la muerte el único obstáculo que se interpusiera en nuestro camino, no tendría ningún inconveniente en morir aquí, ahora mismo, en medio de los amigos que me aman. Pero la muerte no lo es todo. No creo que sea voluntad de Dios que yo muera en este caso, cuando todavía hay esperanzas y nos espera a todos una difícil tarea. Por consiguiente, por mi parte, rechazo en este momento lo que podría ser el descanso eterno y salgo al exterior, a la oscuridad, donde pueden encontrarse las cosas más malas que el mundo o el más allá encierran.
Guardamos todos silencio, ya que comprendíamos de manera instintiva que se trataba solamente de un preludio.
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