Drácula (Abraham Stroker) - pág.351
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Hizo una pausa, sintiéndose confuso.
Al replicar, Mina levantó una mano y señaló hacia su frente.
-Ya lo sé. Por eso que debo ir. Pued o decírselo a ustedes ahora, cuando el sol va a salir; es
posible que no pueda hacerlo más tarde. Sé que cuando el conde me quiera a su lado, tendré que ir. Sé que si me dice que vaya en secreto, tendré que ser astuta y no me detendrá ningún obstáculo... Ni siquiera Jonathan.
Dios vio la mirada que me dirigió al tiempo que hablaba, y si había allí presente uno de los ángeles escribanos, esa mirada ha debido quedar anotada para honor eterno de ella. Lo único que pude hacer fue tomarla de la mano, sin poder hablar; mi emoción era demasiado grande para que pudiera recibir el consuelo de las lágrimas. Continuó hablando:
-Ustedes, los hombres, son valerosos y fuertes. Son fuertes reunidos, puesto que pueden desafiar juntos lo que destrozaría la tolerancia humana de alguien que tuviera que guardarse solo. Además, puedo serles útil, puesto que puede usted hipnotizarme y hacer que le diga lo que ni siquiera yo sé.
El profesor hizo una pausa antes de responder.
-Señora Mina, es usted, como siempre, muy sabia. Debe usted acompañarnos, y haremos juntos lo que sea necesario que hagamos.
El largo silencio que guardó Mina me hizo mirarla. Había caído de espaldas sobre las almohadas,
dormida; ni siquiera despertó cuando levanté las persianas de la ventana y dejé que la luz del sol iluminara plenamente la habitación. Van Helsing me hizo seña de que lo acompañara en silencio. Fuimos a su habitación y, al cabo de un minuto, lord Godalming, el doctor Seward y el señor Morris estuvieron también a nuestro lado. Les explicó lo que le había dicho Mina y continuó hablando:
-Por la mañana, debemos salir hacia Varna. Debemos contar ahora con un nuevo factor: la señora Mina. Pero su alma es pura. Es para ella una verdadera agonía decirnos lo que nos ha dicho, pero es muy acertado, y así estaremos advertidos a tiempo. No debemos desaprovechar ninguna oportunidad y, en Varna, debemos estar dispuestos a actuar en el momento en que llegue ese barco.
-¿Qué deberemos hacer exactamente? -preguntó el señor Morris, con su habitual laconismo.
El profesor hizo una pausa, antes de responder.
-Primeramente, debemos tomar ese navío; luego, cuando hayamos identificado la caja, debemos colocar una rama de rosal silvestre sobre ella.
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