Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Drácula (Abraham Stroker)

Drácula (Abraham Stroker) - pág.247

Indice General | Volver

Página 247 de 408



La señora Harker sonrió dulcemente, al tiempo que respondía:
-¡Oh, no! Tengo ya un esposo, con el que estoy casada desde mucho antes de conocer siquiera al doctor Seward. Soy la señora Harker.
-Entonces, ¿qué está usted haciendo aquí?
-Mi esposo y yo hemos venido a visitar al doctor Seward.
-Entonces no se quede.
-Pero, ¿por qué no?
Pensé que aquel estilo de conversación no podía ser más agradable para la señora Harker que lo que lo era para mí. Por consiguiente, intervine:
-¿Cómo sabe usted que deseaba casarme?
Su respuesta fue profundamente desdeñosa y la dio en una pausa en que apartó sus ojos de la señora Harker y posó su mirada en mí, para volverla a fijar inmediatamente después en la dama.
-¡Qué pregunta tan estúpida!
-Yo no lo creo así en absoluto, señor Renfield -le dijo la señora Harker, defendiéndome.
Renfield le habló entonces con tanta cortesía y respeto como desdén había mostrado hacia mí unos instantes antes.
-Estoy seguro de que usted comprenderá, señora Harker, que cuando un hombre es tan querido y honrado como nuestro anfitrión, todo lo relativo a él resulta interesante en nuestra pequeña comunidad. El doctor Seward es querido no solamente por sus servidores y sus amigos, sino también por sus pacientes, que, puesto que muchos de ellos tienen cierto desequilibrio mental, están en condiciones de distorsionar ciertas causas y efectos. Puesto que yo mismo he sido un paciente de un asilo de alienados, no puedo dejar de notar que las tendencias mitómanas de algunos de los asilados conducen hacia errores de non causa e ignoratio elenchi.
Abrí mucho los ojos ante ese desarrollo completamente nuevo. Allí estaba el peor de todos mis
lunáticos, el más afirmado en su tipo que he encontrado en toda mi vida, hablando de filosofía elemental, con los modales de un caballero refinado. Me pregunté si sería la presencia de la señora Harker la que había tocado alguna cuerda en su memoria. Si aquella nueva fase era espontánea o debida a la influencia inconsciente de la señora, la dama debía poseer algún don o poder extraño.
Continuamos hablando, durante un rato y, viendo que en apariencia razonaba a la perfección, se aventuró, mirándome a mí interrogadoramente al principio, llevándolo hacia su tema favorito de conversación. Volví a asombrarme al ver que Renfield enfocaba la cuestión con la imparcialidad característica de una cordura absoluta; incluso se puso de ejemplo al mencionar ciertas cosas.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-408  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados