Drácula (Abraham Stroker) - pág.245
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Si alguna vez en el futuro llega usted a tener necesidad de la ayuda de un hombre, créame que no me llamará usted en vano. Dios quiera que nunca se presente ese momento en que la luz del sol desaparezca de su vida; pero si llegara a presentarse, prométame que acudirá a mí.
Era tan sincero y su dolor había sido tan profundo, que comprendí que sería un consuelo para él, y le dije:
-Se lo prometo.
Cuando salí al pasillo vi al señor Morris, que estaba mirando al exterior por una de las ventanas. Se volvió al oír el ruido de mis pasos.
-¿Cómo está Art? -inquirió.
Luego, viendo mis ojos enrojecidos, siguió diciendo:
-¡Ah! Ya veo que lo ha estado usted consolando. ¡Pobre amigo mío! Eso es lo que necesita. Nadie que no sea una mujer puede consolar a un hombre cuando tiene el corazón destrozado, y él no tiene a ninguna...
Enterró su propio dolor con tanta entereza que mi corazón sangró por él. Vi que tenía el manuscrito en la mano y sabía que en cuanto lo leyera se daría cuenta de cuanto sabía; por consiguiente, le dije:
-Desearía poder consolar a todos los que sufren profundamente. ¿Quiere usted ser mi amigo y venir a mí si necesita consuelo? Más tarde comprenderá usted de qué le estoy hablando.
Vio que se lo decía con sinceridad y, haciéndome una reverencia, me tomó la mano, se la llevó a los labios y la besó. Parecía ser un consuelo demasiado pobre para un alma tan valerosa y desinteresada. Entonces, impulsivamente, me incliné y lo besé.
Sus ojos se le llenaron de lágrimas y se le hizo un nudo en la garganta. Luego, dijo, en tono tranquilo:
-¡Pequeña, nunca olvidará usted esa bondad sincera, en toda su vida!
Luego, se dirigió hacia el estudio, donde se encontraba su amigo.
-¡Pequeña!
La misma palabra con que se había referido a Lucy.
¡Pero demostró ser un amigo!.
XVIII.- DEL DIARIO DEL DOCTOR SEWARD
30 de septiembre. Llegué a casa a las cinco y descubrí que Godalming y Morris no solamente habían llegado, sino que también habían estudiado las transcripciones de los diversos diarios y cartas que Harker y su maravillosa esposa habían preparado y ordenado. Harker no había regresado todavía de su visita a los portadores, sobre los que me había escrito el doctor Hennessey.
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