Drácula (Abraham Stroker) - pág.239
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Me es difícil verlo todavía; pero, cuando examine las fechas, supongo que
veré claramente la relación existente. ¡Qué bueno que la señora Harker mecanografió el contenido de mis cilindros! Nunca hubiéramos podido encontrar las fechas de otro modo...
Encontré a Renfield sentado plácidamente en su habitación y sonriendo como un bendito. En ese momento parecía tan cuerdo como cualquier otra persona de las que conozco. Me senté a su lado y hablé con él de infinidad de temas, que él desarrolló de una manera absolutamente natural. Entonces, por su propia voluntad, me habló de regresar a su casa, un tema que nunca había tocado, que yo sepa, durante su estancia en el asilo. En efecto, me habló confiado de que podría ser dado de alta
inmediatamente.
Creo que de no haber conversado antes con Harker y haber leído las cartas y las fechas de sus ataques, me hubiera sentido dispuesto a firmar su salida, al cabo de un corto tiempo de observación. Tal y como están las cosas, sospecho de todo. Todos esos ataques estaban ligados en cierto modo a la presencia del conde en las cercanías. ¿Qué significaba entonces aquella satisfacción absoluta? ¿Quiere decir que sus instintos están satisfechos a causa del convencimiento del triunfo final del vampiro? Es el mismo zoófago y en sus terribles furias, al exterior de la puerta de la capilla de la casa, habla siempre del "amo". Todo esto parece ser una confirmación de nuestra idea. Sin embargo, al cabo de un momento, lo dejé; mi amigo estaba en esos instantes demasiado cuerdo para poder ponerlo a prueba seriamente con preguntas. Puede comenzar a reflexionar y, entonces... Por consiguiente, me alejé de él. Desconfío de esos momentos de calma que tiene a veces, y le he dado al enfermero la orden de que lo vigile estrechamente y que tenga lista una camisa de fuerza para utilizarla en caso de necesidad.
Del diario de Jonathan Harker
29 de septiembre, en el tren hacia Londres. Cuando recibí el amable mensaje del señor Billington, en el que me decía que estaba dispuesto a facilitarme todos los informes que obraban en su poder, creí conveniente ir directamente a Whitby y llevar a cabo, en el lugar mismo, todas las investigaciones que deseaba. Mi objeto era el de seguir el horrible cargamento del conde hasta su casa de Londres. Más
tarde podríamos ocuparnos de ello.
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