Drácula (Abraham Stroker) - pág.233
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No obstante, como me había rogado que no perdiera el tiempo, llamé a la puerta y entré al estudio una vez que me dio permiso para hacerlo.
Me sorprendí mucho al constatar que no había nadie con él. Estaba absolutamente solo, y sobre la mesa, frente a él, se encontraba lo que supe inmediatamente, por las descripciones, que se trataba de un fonógrafo. Nunca antes había visto uno y me interesó mucho.
-Espero no haberlo hecho esperar mucho -le dije-; pero me detuve ante la puerta, ya que creí oírlo a usted hablando y supuse que habría alguna persona en su estudio.
-¡Oh! -replicó, con una sonrisa-. Solamente estaba registrando en mi diario los últimos acontecimientos.
-¿Su diario? -le pregunté, muy sorprendida.
-Sí -respondió -, lo registro en este aparato. Al tiempo que hablaba, colocó la mano sobre el fonógrafo. Me sentí muy excitada y exclamé:
-¡Vaya! ¡Esto es todavía más rápido que la taquigrafía! ¿Me permite oír el aparato un poco?
-Naturalmente -replicó con amabilidad y se puso en pie para preparar el artefacto de modo que hablara.
Entonces, se detuvo y apareció en su rostro una expresión confusa.
-El caso es -comenzó en tono extraño que sólo registro mi diario; y se refiere enteramente..., casi completamente..., a mis casos. Sería algo muy desagradable... Quiero decir...
Guardó silencio y traté de ayudarlo a salir de su confusión.
-Usted ayudó en la asistencia a mi querida Lucy en los últimos instantes. Déjeme escuchar cómo murió. Le agradeceré mucho todo lo que pueda saber sobre ella. Me era verdaderamente muy querida.
Para mi sorpresa, respondió, con una expresión de profundo horror en sus facciones:
-¿Quiere que le hable de su muerte? ¡Por nada del mundo!
-¿Por qué no? -pregunté, mientras un sentimiento terrible se iba apoderando de mí.
El doctor hizo nuevamente una pausa y pude ver que estaba tratando de buscar una excusa.
Finalmente, balbuceó:
-¿Ve usted? No sé como retirar todo lo particular que contiene el diario.
Mientras hablaba se le ocurrió una idea, y dijo, con una simplicidad llena de inconsciencia, en un
tono de voz diferente y con el candor de un niño:
-Esa es la verdad, le doy mi palabra de ello. ¡Sobre mi honor de indio honrado!
No pude menos de sonreír y el doctor hizo una mueca.
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