Drácula (Abraham Stroker) - pág.225
Indice General
|
Volver
Página 225 de 408
-Respóndame, amigo mío: ¿quiere que continúe adelante?
Arthur se dejó caer de rodillas y se cubrió el rostro con las manos, al tiempo que respondía:
-Haga lo que crea conveniente, amigo mío. Haga lo que quiera. No es posible que pueda existir un horror como éste -gimió.
Quincey y yo avanzamos simultáneamente hacia él y lo cogimos por los brazos.
Alcanzamos a oír el chasquido que produjo la linterna al ser apagada. Van Helsing se acercó todavía más a la cripta y comenzó a retirar el sagrado emblema que había colocado en las grietas. Todos observamos, horrorizados y confundidos, cuando el profesor retrocedió, cómo la mujer, con un cuerpo humano tan real en ese momento como el nuestro, pasaba por la grieta donde apenas la hoja de un cuchillo hubiera podido pasar. Todos sentimos un enorme alivio cuando vimos que el profesor volvía a colocar tranquilamente la masa que había retirado en su lugar.
Después de hacerlo, levantó al niño y dijo:
-Vámonos, amigos. No podemos hacer nada más hasta mañana. Hay un funeral al mediodía, de modo que tendremos que volver aquí no mucho después de esa hora. Los amigos del difunto se irán todos antes de las dos, y cuando el sacristán cierre la puerta del cementerio deberemos quedarnos dentro. Entonces tendremos otras cosas que hacer; pero no será nada semejante a lo de esta noche. En cuanto a este pequeño, no está mal herido, y para mañana por la noche se encontrará perfectamente. Debemos dejarlo donde la policía pueda encontrarlo, como la otra noche, y a continuación regresaremos a casa.
Se acercó un poco más a Arthur, y dijo:
-Arthur, amigo mío, ha tenido usted que soportar una prueba muy dura; pero, más tarde, cuando
lo recuerde, comprenderá que era necesaria. Está usted lleno de amargura en este momento; pero, mañana a esta hora, ya se habrá consolado, y quiera Dios que haya tenido algún motivo de alegría; por consiguiente, no se desespere demasiado. Hasta entonces no voy a rogarle que me perdone.
Arthur y Quincey regresaron a mi casa, conmigo, y tratamos de consolarnos unos a otros por el camino. Habíamos dejado al niño en lugar seguro y estábamos cansados. Dormimos todos de manera más o menos profunda.
29 de septiembre, en la noche. Poco antes de las doce, los tres, Arthur, Quincey Morris y yo, fuimos a ver al profesor.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-408
|