Drácula (Abraham Stroker) - pág.220
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Pensé que el misterio mismo que envolvía
todo aquello estaba mitigando su enojo. El profesor abrió la puerta y, viendo que vacilábamos, lo cual era muy natural, resolvió la dificultad entrando él mismo el primero. Todos nosotros lo imitamos, y el anciano cerró la puerta. A continuación, encendió una linterna sorda e iluminó el ataúd. Arthur dio un paso al
frente, no muy decidido, y van Helsing me dijo:
-Usted estuvo conmigo aquí el día de ayer. ¿Estaba el cuerpo de la señorita Lucy en este ataúd?
-Así es.
El profesor se volvió hacia los demás, diciendo:
-Ya lo oyen y además, no creo que haya nadie que no lo crea.
Sacó el destornillador y volvió a quitarle la tapa al féretro. Arthur observaba, muy pálido, pero en silencio.
Cuando fue retirada la tapa dio un paso hacia adelante. Evidentemente, no sabía que había una
caja de plomo o, en todo caso, no pensó en ello. Cuando vio la luz reflejada en el plomo, la sangre se agolpó en su rostro durante un instante; pero, con la misma rapidez, volvió a retirarse, de tal modo que su rostro permaneció extremadamente pálido. Todavía guardaba silencio. Van Helsing retiró la tapa de plomo y todos nosotros miramos y retrocedimos.
¡El féretro estaba vacío!
Durante varios minutos, ninguno de nosotros pronunció una sola palabra. El silencio fue interrumpido por Quincey Morris:
-Profesor, he respondido por usted. Todo lo que deseo es su palabra... No haría esta pregunta de ordinario..., deshonrándolo o implicando una duda; pero se trata de un misterio que va más allá del honor o el deshonor. ¿Hizo usted esto?
-Le juro por todo cuanto considero sagrado que no la he retirado de aquí, y que ni siquiera la he tocado. Lo que sucedió fue lo siguiente: hace dos noches, mi amigo Seward y yo vinimos aquí... con buenos fines, créanme. Abrí este féretro, que entonces estaba bien cerrado, y lo encontramos como ahora, vacío. Entonces esperamos y vimos una forma blanca que se dirigía hacia acá, entre los árboles. Al día siguiente volvimos aquí, durante el día, y vimos que el cadáver reposaba ahí. ¿No es cierto, amigo John?
-Sí.
-Esa noche llegamos apenas a tiempo. Otro niñito faltaba de su hogar y lo encontramos, ¡gracias a Dios!, indemne, entre las tumbas. Ayer vine aquí antes de la puesta de sol, ya que al ponerse el sol pueden salir los "muertos vivos".
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