Drácula (Abraham Stroker) - pág.218
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Arthur levantó la vista, con rostro extremadamente pálido y descompuesto, y dijo:
-¡Tenga cuidado, señor, tenga cuidado!
-¿No cree usted que será mejor que escuche lo que tengo que decirles? -dijo van Helsing-. Así sabrá usted por lo menos cuáles son los límites de lo que me propongo. ¿Quieren que prosiga?
-Me parece justo -intervino Morris.
Al cabo de una pausa, van Helsing siguió hablando, haciendo un gran esfuerzo por ser claro:
-La señorita Lucy está muerta; ¿no es así? ¡Sí! Por consiguiente, no es posible hacerle daño; pero, si no está muerta...
Arthur se puso en pie de un salto.
-¡Santo Dios! -gritó-. ¿Qué quiere usted decir? ¿Ha habido algún error? ¿La hemos enterrado viva?
Gruñó con una cólera tal que ni siquiera la esperanza podía suavizarla.
-No he dicho que estuviera viva, amigo mío; no lo creo. Solamente digo que es posible que sea una "muerta viva", o "no muerta".
-¡Muerta viva! ¡No muerta! ¿Qué quiere usted decir? ¿Es todo esto una pesadilla, o qué?
-Existen misterios que el hombre solamente puede adivinar, y que desentraña en parte con el paso del tiempo. Créanme: nos encontramos actualmente frente a uno de ellos. Pero no he terminado. ¿Puedo cortarle la cabeza al cadáver de la señorita Lucy?
-¡Por todos los diablos, no! -gritó Arthur, con encendida pasión-. Por nada del mundo consentiré que se mutile su cadáver. Doctor van Helsing, está usted abusando de mi paciencia. ¿Qué le he hecho para que desee usted torturarme de este modo? ¿Qué hizo esa pobre y dulce muchacha para que desee usted causarle una deshonra tan grande en su tumba? ¿Está usted loco para decir algo semejante, o soy yo el alienado al escucharlo? No se permita siquiera volver a pensar en tal profanación. No le daré mi consentimiento en absoluto. Tengo el deber de proteger su tumba de ese ultraje. ¡Y les prometo que voy a hacerlo!
Van Helsing se levantó del asiento en que había permanecido sentado durante todo aquel tiempo, y dijo, con gravedad y firmeza:
-Lord Godalming, yo también tengo un deber; un deber para con los demás, un deber para con usted y para con la muerta. ¡Y le prometo que voy a cumplir con él! Lo único que le pido ahora es que me acompañe, que observe todo atentamente y que escuche; y si cuando le haga la misma petición más adelante no está usted más ansioso que yo mismo porque se lleve a cabo, entonces.
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