Drácula (Abraham Stroker) - pág.211
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Así es que finalmente decidimos que lo llevaríamos al Brezal, y que si oíamos acercarse a un policía lo dejaríamos en un lugar en donde él tuviera que encontrarlo. Luego podríamos irnos a casa lo más pronto posible, A la orilla del Brezal de Hampstead, oímos los pesados pasos de un policía y dejamos al niño a la orilla del camino, y luego esperamos y observamos hasta que vimos que él lo había iluminado con su linterna. Escuchamos sus exclamaciones de asombro y luego nos alejamos en silencio. Por suerte encontramos un coche cerca de "Los Españoles", y nos fuimos en él a la ciudad.
No puedo dormir, por lo que estoy haciendo estas anotaciones. Pero debo tratar de dormir siquiera unas horas, ya que van Helsing vendrá por mí al mediodía. Insiste en que lo acompañe en otra expedición semejante a la de hoy.
27 de septiembre. Dieron las dos de la tarde antes de que encontráramos una oportunidad para realizar nuestro intento. Un funeral efectuado al mediodía había terminado, y los últimos dolientes rezagados se alejaban perezosamente en grupos, cuando, mirando cuidadosamente detrás de un macizo de árboles de aliso, vimos cómo el sepulturero cerraba la verja detrás de él. Sabíamos que estaríamos a salvo hasta la mañana en caso de que lo deseáramos; pero mi maestro me dijo que no necesitaríamos más que una hora, a lo sumo. Nuevamente sentí esa horrible sensación de la realidad de las cosas, en la cual cualquier esfuerzo de la imaginación parece fuera de lugar; y me di cuenta distintamente de las amenazas de la ley que pendían sobre nosotros debido a nuestro impío trabajo. Además, sentí que todo era inútil. Delictuoso como fuese el abrir un féretro de plomo, para ver si una mujer muerta cerca de una semana antes estaba realmente muerta, ahora me parecía la mayor de las locuras abrir otra vez esa tumba, cuando sabíamos, por haberlo visto con nuestros propios ojos, que el féretro estaba vacío. Me encogí de hombros, sin embargo, permanecí en silencio, pues van Helsing tenía una manera de seguir su propio camino, sin importarle quién protestara. Sacó la llave, abrió la cripta y nuevamente me hizo una cortés seña para que lo precediera. El lugar no estaba tan espantoso como la noche anterior, pero, ¡oh!, cómo se sentía una indescriptible tristeza cuando le daba la luz del sol. Van Helsing caminó hacia el
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