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Drácula (Abraham Stroker) - pág.209

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Pero mi maestro no se detuvo ni un momento; aserró unos sesenta centímetros a lo largo de uno de los costados del féretro, y luego a través y luego por el otro lado hacia abajo. Tomando luego el borde de la pestaña suelta, lo dobló hacia atrás en dirección a los pies del féretro, y sosteniendo la vela en la abertura me indicó que echara una mirada.
Me acerqué y miré. El féretro estaba vacío.
Ciertamente me causó una gran sorpresa, y me dio una fuerte impresión; pero van Helsing permaneció inmóvil. Ahora estaba más seguro que antes sobre lo que hacía, y más decidido a proseguir su tarea.
-¿Está usted ahora satisfecho, amigo John? -me preguntó.
Yo sentí que toda la rebeldía agazapada de mi carácter se despertaba dentro de mí, y le respondí:
-Estoy satisfecho de que el cuerpo de Lucy no está en el féretro; pero eso sólo prueba una cosa...
-¿Y qué es lo que prueba, amigo John?.
-Que no está ahí.
-Eso es buena lógica -dijo él-, hasta cierto punto. Pero, ¿cómo puede usted explicarse que no esté ahí?
-Tal vez un ladrón de cadáveres -sugerí yo-. Alguno de los empleados del empresario de pompas fúnebres pudo habérselo robado.
Yo sentí que estaba diciendo tonterías, y sin embargo, aquella fue la única causa real que pude sugerir. El profesor suspiró.
-¡Ah! Debemos tener más pruebas. Venga conmigo, John.
Cerró otra vez la tapa del féretro, recogió todas sus cosas y las metió en el maletín, apagó la luz y colocó la vela en el mismo lugar de antes. Abrimos la puerta y salimos. Detrás de nosotros cerró la puerta y le echó llave. Me entregó la llave, diciendo:
-¿Quiere guardarla usted? Sería mejor que estuviese bien guardada.
Yo reí, con una risa que me veo obligado a decir que no era muy alegre, y le hice señas para que la guardara él.
-Una llave no es nada -le dije-, puede haber duplicados; y de todas maneras, no es muy difícil abrir un candado de esa clase.
Mi maestro no dijo nada, sino que guardó la llave en su bolsillo. Luego me dijo que vigilara un lado del cementerio mientras él vigilaba el otro. Ocupé mi lugar detrás de un árbol de tejo, y vi su oscura figura moviéndose hasta que las lápidas y los árboles lo ocultaron a mi vista.


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