Drácula (Abraham Stroker) - pág.199
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Ha logrado, a pesar de todo, realizar sus designios de llegar a Londres, y seguramente fue a él a quien vi. Ha rejuvenecido, pero, ¿cómo? Van Helsing es el hombre que puede desenmascararlo y perseguirlo si es como Mina me lo ha descrito. Estuvimos despiertos hasta muy tarde y hablamos sobre todo esto. Mina se está vistiendo y yo iré dentro de unos minutos al hotel, a buscar al doctor.
Creo que se asombró de verme. Cuando entré en la habitación en que se encontraba y me presenté, me tomó por un hombro, volvió mi cabeza hacia la luz, y dijo, después de un detenido escrutinio:
-Pero la señora Mina me dijo que usted estaba enfermo y bajo una fuerte impresión.
Fue muy divertido oír que este anciano de rostro fuerte y amable llamara a mi esposa "señora Mina". Sonreí, y le dije:
-Estaba enfermo, y tuve una fuerte impresión: pero usted ya me curó.
-¿Y cómo?
-Mediante su carta a Mina, anoche. Yo sentía incertidumbre, y entonces todo tomaba un halo de
sobrenaturalidad, y yo no sabía en qué confiar; ni siquiera en la evidencia de mis sentidos. No sabiendo en qué confiar, no sabía tampoco qué hacer; y entonces sólo podía mantenerme trabajando en lo que hasta aquí había sido la rutina de mi vida. La rutina cesó de serme útil, y yo desconfié de mí mismo. Doctor, usted no sabe lo que es dudar de todo; incluso de uno mismo. No, usted no lo sabe, usted no podría saberlo con esas cejas que tiene.
Pareció complacido, y rió mientras dijo:
-¡Así es que usted es un fisonomista! Cada hora que pasa aprendo algo más aquí.
Voy a desayunarme con ustedes con mucho gusto, y, ¡oh, señor!, usted permitirá una alabanza de un viejo como yo, pero usted tiene una mujer que es una bendición.
Yo escucharía alabanzas de él para Mina durante un día entero, por lo que simplemente hice un movimiento con la cabeza y guardé silencio.
-Ella es una de las mujeres de Dios, confeccionadas por sus propias manos para mostrarnos a los hombres y a otras mujeres que existe un cielo en donde podemos entrar, y que su luz puede estar aquí en la tierra. Tan veraz, tan dulce, tan noble, tan desinteresada, y eso, permítame decirle a usted, es mucho en esta edad tan escéptica y egoísta.
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