Drácula (Abraham Stroker) - pág.194
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¿Y no me haría usted el honor de ayudarme a leer esto? ¡Ay! No sé taquigrafía.
Para aquel tiempo, ya mi broma había pasado, y me sentí casi avergonzada; de manera que tomé la copia mecanográfica de mi cesto de costura, y se la entregué
-Perdóneme -le dije-, no pude evitarlo; pero yo había estado pensando que era algo acerca de la querida Lucy que usted deseaba preguntarme, y para que usted no tenga que esperar mucho tiempo, no de mi parte, sino porque yo sé que el tiempo debe ser precioso para usted, he sacado una copia de esto a máquina para usted.
La tomó, y sus ojos brillaron.
-Es usted muy amable -dijo-. ¿Puedo leerlo ahora? Quizá me gustaría hacerle unas preguntas después de haberlo leído.
-No faltaba más -le dije yo-, léalo todo mientras yo ordeno la comida; y luego me puede usted preguntar lo que quiera, mientras comemos.
Hizo una reverencia y se acomodó en una silla, de espaldas a la luz, y se absorbió en los papeles, mientras yo iba a ver cómo estaba la comida, principalmente para dejarlo leer a sus anchas. Cuando regresé lo encontré caminando rápidamente de uno a otro lado del cuarto, con el rostro todo encendido de emoción. Se dirigió rápidamente hacia mí y me tomó ambas manos.
-¡Oh, señora Mina! -me dijo-, ¿cómo puedo decirle lo que le debo? Este papel es claro como el sol. Me abre las puertas. Estoy aturdido, deslumbrado por tanta luz, y sin embargo, unas nubes rondan siempre detrás de la luz. Pero eso usted no lo comprende; no lo puede comprender. ¡Oh! Pero le estoy muy agradecido. Es usted una mujer muy lista. Señora agregó esta vez con tono solemne-, si alguna vez Abraham van Helsing puede hacer algo por usted o los suyos, espero que usted me lo comunique. Será un verdadero placer y una dicha si puedo servirla a usted como amigo; como amigo, pero con todo
lo que he sabido, todo lo que puedo hacer, para usted y los que usted ama. Hay oscuridades en la vi da y hay claridades; usted es una de esas luces. Usted tendrá una vida feliz y una vida buena, y su marido será bendecido en usted.
-Pero, doctor, usted me alaba demasiado, y no me conoce.
-¡No la conozco...! Yo, que ya soy un viejo, y toda mi vida he estudiado a hombres y mujeres; yo, que he hecho del cerebro y de todo lo que con él se relaciona y de todo lo que surge de él, mi especialidad.
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