Drácula (Abraham Stroker) - pág.193
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Asentí nuevamente.
-Es a Mina Murray a quien vengo a ver; a la que fue amiga de la infortunada, querida Lucy Westenra. Señora Mina, en nombre de la muerta vengo.
-Caballero -dije yo-, no puede usted tener mejor carta de presentación que haber sido amigo y médico de Lucy Westenra.
Y le extendí la mano. Él la tomó y dijo tiernamente:
-¡Oh, señora Mina!, yo sé que la amiga de esa pobre muchachita debe ser buena, pero todavía tenía que saber...
Terminó su discurso haciendo una reverencia cortés. Yo le pregunté para qué me quería ver, por lo que él comenzó de inmediato:
-He leído sus cartas a la señorita Lucy. Perdóneme, pero yo tenía que comenzar las investigaciones en algún lado, y no había nadie a quien preguntar. Sé que usted estuvo con ella en Whitby. Ella algunas veces llevó un diario, no necesita usted mirar sorprendida, señora Mina; lo comenzó después de que usted se hubo venido y era una imitación del suyo, y en ese diario ella rastrea por inferencia ciertas cosas relacionadas con un sonambulismo, y anota que usted la salvó. Con gran perplejidad entonces yo vengo a usted, y le pido, abusando de su mucha amabilidad, que me diga todo lo que pueda recordar acerca de eso.
-Creo que le puedo decir a usted, doctor van Helsing, todo lo que sucedió.
-¡Ah! ¡Entonces usted tiene buena memoria para los hechos, para los detalles! No siempre sucede lo mismo con todas las jóvenes.
-No, doctor, pero sucede que escribí todo lo que sucedía. Puedo mostrárselo, si usted quiere.
-¡Oh, señora Mina, se lo agradezco mucho! Me honrará y me ayudará usted muchísimo.
No pude evitar la tentación de hacerle una broma; supongo que ese es el gusto de la manzanaoriginal que todavía permanece en nosotras, de tal manera que le entregué el diario estenográfico. Él lo tomó, haciendo una reverencia de agradecimiento, y me dijo:
-¿Puedo leerlo?
-Si usted quiere -le respondí, tan modestamente como pude.
Él lo abrió y durante un instante su rostro se fijó en el papel. Luego se puso en pie e hizo una reverencia.
-¡Oh, usted es una mujer muy lista! -me dijo él-. Desde hace tiempo sabía que el señor Jonathan era un hombre de muchos merecimientos; pero vea, su mujer no le va a la zaga.
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