Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Drácula (Abraham Stroker)

Drácula (Abraham Stroker) - pág.185

Indice General | Volver

Página 185 de 408


En el momento que estuvimos solos en el carruaje dio rienda suelta a un ataque regular de histeria. Desde entonces se ha negado a admitir que fue histeria, e insiste que sólo fue su sentido del humor manifestándose bajo condiciones muy terribles. Rió hasta que se puso a llorar y yo tuve que bajar las celosías para que nadie nos pudiera ver y malinterpretar la situación; y entonces lloró hasta que rió otra vez; y río y lloró al mismo tiempo, tal como hace una mujer. Yo traté de ser riguroso con él, de la misma manera que se es con una mujer en iguales circunstancias; pero no dio efecto. ¡Los hombres y las mujeres son tan diferentes en su fortaleza o debilidad nerviosa!
Luego, cuando su rostro se volvió nuevamente grave y serio, le pregunté el motivo de su júbilo y por qué precisamente en aquellos momentos. Su réplica fue en cierta manera característica de él, pues fue lógica, llena de fuerza y misterio. Dijo:
-Ah, usted no comprende, amigo John. No crea que no estoy triste, aunque río. Fíjese, he llorado aun cuando la risa me ahogaba. Pero no piense más que es toy todo triste cuando lloro, pues la risa hubiera llegado de la misma manera. Recuerde siempre que la risa que toca a su puerta, y dice: "¿puedo entrar?", no es la verdadera risa. ¡No! La risa es una reina, y llega cuando y como quiere. No pregunta a persona alguna; no escoge tiempo o adecuación. Dice: "aquí estoy". Recuerde, por ejemplo, yo me dolí en el corazón por esa joven chica tan dulce; yo doy mi sangre por ella, aunque estoy viejo y gastado; di mi tiempo, mi habilidad, mi sueño; dejo a mis otros que sufran necesidad para que ella pueda tener todo. Y sin embargo, puedo reír en su propia tumba, reír cuando la tierra de la pala del sepulturero caía sobre su féretro y decía ¡tud!, ¡tud!, sobre mi corazón, hasta que éste retiró de mis mejillas la sangre. Mi corazón sangró por ese pobre muchacho, ese muchacho querido, tan de la edad en que estuviera mi propio muchacho si bendecidamente viviera, y con su pelo y sus ojos tan iguales. Vaya, ahora usted sabe por qué yo lo quiero tanto. Y sin embargo, cuando él dice cosas que conmueven mi corazón de hombre tan profundamente, y hacen mi corazón de padre nostálgico de él como de ningún otro hombre, ni siquiera de usted, amigo John, porque nosotros estamos más equilibrados en experiencias que un padre y un hijo, pues aun entonces, en esos momentos, la reina risa viene a mí y grita y ruge en mi oído: "¡aquí estoy, aquí estoy!", hasta que la risa viene bailando nuevamente y trae consigo algo de la luz del sol que ella me lleva a las mejillas.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-408  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados