Drácula (Abraham Stroker) - pág.183
Indice General
|
Volver
Página 183 de 408
-¿No ves quién está allí?
-No, querido -dije yo-; no lo conozco, ¿quién es?
Su respuesta me impresionó y me llenó de ansias, pues la dio como si no supiera que era yo su Mina a quien hablaba:
-Es el hombre en persona.
Mi pobre amado estaba evidentemente aterrorizado por algo; muy aterrorizado.
Creo en verdad que si no me hubiese tenido a mí para apoyarse y para que lo sujetara, se habría desplomado. Se mantuvo mirando fijamente con asombro; un hombre salió de la tienda con un pequeño paquete y se lo dio a la dama, quien entonces reanudó su caminata. El hombre misterioso mantuvo sus ojos fijos en la bella dama, y cuando el carruaje se alejó por Piccadilly él siguió en la misma dirección, y alquiló un cabriolé.
Jonathan lo siguió con la mirada, y dijo, como para sí mismo:
-Creo que es el conde, pero ha rejuvenecido mucho. ¡Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío! ¡Si yo supiera, si yo supiera!
Estaba tan nervioso que yo temí hacerle daño al hacerle preguntas, por lo que guardé silencio. Muy suavemente lo comencé a alejar del lugar, y él, asido a mi brazo, me siguió con facilidad. Caminamos un poco más y luego nos sentamos un rato en el Green Park. Era un día caluroso para ser otoño, y había un asiento bastante cómodo en un lugar sombreado. Después de mirar unos minutos fijamente al vacío, Jonathan cerró los ojos y rápidamente se sumió en un sueño, con la cabeza apoyada en mi hombro.
Pensé que era lo mejor para él, y no lo desperté. Como a los veinte minutos despertó, y me dijo bastante alegre:
-¡Pero, Mina, me he quedado dormido! ¡Oh, perdóname por ser tan desatento! Ven; nos tomaremos una taza de té en cualquier parte.
Evidentemente había olvidado todo lo relacionado con el extraño forastero, de la misma manera que durante su enfermedad había olvidado todo aquello que este episodio le había recordado nuevamente. No me gustan estos ataques de amnesia; puede causarle o prolongarle algún mal cerebral. Pero no debo preguntárselo, por temor a causarle más daño que bien; sin embargo, debo de alguna manera conocer los hechos de su viaje al extranjero. Temo que ha llegado la hora en que debo abrir aquel paquete y saber lo que contiene. ¡Oh, Jonathan, tú me perdonarás, lo sé, si hago mal, pero es por tu propio y sagrado bien!
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-408
|