Drácula (Abraham Stroker) - pág.180
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Perdóneme, señor, no quise ofenderlo; es sólo porque mi pérdida es muy reciente.
El profesor respondió muy amablemente:
-Sólo usé ese título porque estaba en duda. No debo llamarlo a usted "señor" y le he tomado mucho cariño; sí, mi querido muchacho, mucho cariño; le llamaré Arthur.
Arthur extendió la mano y estrechó calurosamente la del viejo.
-Llámeme como usted quiera -le dijo-. Y espero que siempre tenga el título de amigo. Y déjeme decirle que no encuentro palabras para agradecerle todas sus bondades para con mi pobre amada -hizo una pausa y luego continuó-. Yo sé que ella comprendió sus bondades incluso mejor que yo; y si fui rudo o de cualquier forma molesto cuando usted actuó extrañamente, ¿lo recuerda? -el profesor asintió -, debe usted perdonarme.
Mi maestro contestó con solemne bondad:
-Sé que fue terrible para usted darme su confianza entonces, pues para confiar en tales violencias se necesita comprender; y yo supongo que usted no confía en mí ahora, no puede confiar, pues todavía no lo comprende. Y puede haber otras ocasiones en que yo quiera que usted confíe cuando no pueda, o no deba, y todavía no llegue a comprender. Pero llegará el tiempo en que su confianza en mí
será irrestricta, y usted comprenderá, como si la misma luz del sol penetrara en su mente. Entonces, me bendecirá por su propio bien, por el bien de los demás y por el bien de aquella a quien juró proteger.
-Y, de hecho, señor -dijo Arthur calurosamente-, confiaré en usted de todas maneras. Yo sé y creo que usted tiene un corazón noble, y es amigo de Jack, y fue amigo de ella. Haga usted lo que juzgue conveniente.
El profesor se aclaró la garganta un par de veces, como si estuviese a punto de hablar, y finalmente dijo:
-¿Puedo preguntarle algo ahora?
-Por supuesto.
-¿Sabe usted que la señora Westenra le dejó todas sus propiedades?
-No. ¡Pobre señora! Nunca pensé en ello.
-Y como todo es de usted, tiene usted el derecho de hacer con ello lo que le plazca. Deseo que usted me dé su autorización para leer todas los papeles y cartas de la señorita Lucy. Créame, no es mera curiosidad. Yo tengo un motivo que, puede usted estar seguro, ella habría aprobado. Aquí los tengo todos. Los tomé antes de que supiéramos que todo era de usted, para que ninguna mano extraña los tocara, para que ningún ojo extraño pudiera ver a través de las palabras en su alma.
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