Drácula (Abraham Stroker) - pág.176
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¿Y no me oyó usted hacer una promesa a ella para que así cerrara agradecida los ojos? ¡Sí!
"Bien, ahora tengo una buena razón para todo lo que quiero hacer. Muchos años usted ha confiado en mí; en las semanas pasadas usted ha creído en mí, cuando ha habido cosas tan extrañas que bien hubiera podido dudar. Confíe en mí todavía un poco más, amigo John. Si no confía en mí, entonces debo decir lo que pienso; y eso tal vez no esté bien. Y si yo trabajo, como trabajaré, no importa la confianza ni la desconfianza, sin la confianza de mi amigo en mí, trabajo con el corazón pesado, y siento, ¡oh!, que estoy solo cuando deseo toda la ayuda y el valor que puede haber hizo una pausa un momento, y continuó solemnemente-: Amigo John, ante nosotros hay días extraños y terribles. Seamos no dos, sino uno, para poder trabajar con éxito. ¿Tendrá usted fe en mí?"
Tomé su mano y se lo prometí. Mientras él se alejaba, mantuve mi puerta abierta y lo observé entrar en su cuarto y cerrar la puerta. Mientras estaba sin moverme, vi a una de las sirvientas pasar silenciosamente a lo largo del corredor (iba de espaldas a mí, por lo que no me vio) y entrar en el cuarto donde yacía Lucy. Esto me impresionó. ¡La devoción es tan rara, y nos sentimos tan agradecidos para con aquellos que la demuestran hacia nuestros seres queridos sin que nosotros se lo pidamos...! Allí estaba una pobre muchacha sobreponiéndose a los terrores que naturalmente sentía por la muerte, para ir a hacer guardia solitaria junto al féretro de la patrona a quien amaba, para que la pobre no estuviese solitaria hasta que fuese colocada para su eterno descanso...
Debo haber dormido larga y profundamente, pues ya era pleno día cuando van Helsing me despertó al entrar en mi cuarto. Llegó hasta cerca de mi cama, y dijo:
-No necesita molestarse por los bisturíes. No lo haremos.
-¿Por qué no? -le pregunté, pues la solemnidad que había manifestado la noche anterior me había impresionado profundamente.
Porque -dijo, solemnes demasiado tarde... o demasiado temprano. ¡Vea! -añadió, sosteniendo en su mano el pequeño crucifijo dorado. Esto fue robado durante la noche.
-¿Cómo? ¿Robado? -le pregunté con asombro-. Si usted lo tiene ahora...
-Porque lo he recobrado de la inútil desventurada que lo robó; de la mujer que robó a los muertos y a los vivos.
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