Drácula (Abraham Stroker) - pág.175
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-¿Debemos hacer una autopsia? -le pregunté.
-Sí, y no. Quiero operar, pero no como usted piensa. Déjeme que se lo diga ahora, pero ni una palabra a otro. Quiero cortarle la cabeza y sacarle el corazón. ¡Ah!, usted es un cirujano y se espanta. Usted, a quien he visto sin temblor en la mano o en el corazón haciendo operaciones de vida y muerte que hacen temblar a los otros. ¡Oh! Pero no debo olvidar, mi querido amigo John, que usted la amaba; y
no lo he olvidado, pues soy yo el que va a operar y usted no debe ayudar. Me gustaría hacerlo hoy por la noche, pero po r Arthur no lo haré; él estará libre después de los funerales de su padre mañana y querrá verla a ella, ver eso. Luego, cuando ella ya esté en el féretro al día siguiente, usted y yo vendremos cuando todos duerman. Destornillaremos la tapa del féretro y haremos nuestra operación; luego lo pondremos todo en su lugar, para que nadie se entere, salvo nosotros.
-Pero, ¿por qué debemos hacer eso? La muchacha está muerta. ¿Por qué mutilar innecesariamente su pobre cuerpo? Y si no hay necesidad de una autopsia y nada se puede ganar con ella (no se beneficia a Lucy, no nos beneficiamos nosotros, ni la ciencia, ni el conocimiento humano), ¿por qué debemos hacerlo? Tal cosa es monstruosa.
Por toda respuesta, él puso la mano sobre mi hombro, y dijo después, con infinita ternura:
-Amigo John, me compadezco de su pobre corazón sangrante; y lo quiero más porque sangra de esa manera. Si pudiera, yo mismo tomaría la carga que usted lleva. Pero hay cosas que usted ignora, y que sin embargo conocerá, y me bendecirá por saberlas, aunque no son cosas agradables. John, hijo mío, usted ha sido amigo mío desde hace muchos años, pero, ¿supo usted que alguna vez yo hiciera alguna cosa sin una buena razón? Puedo equivocarme, sólo soy un hombre: pero creo en todo lo que hago. ¿No fue por esto por lo que usted envió por mí cuando se presentó el gran problema? ¡Sí! ¿No
estaba usted asombrado, más bien horrorizado, cuando yo no permití que Arthur besara a su amada, a pesar de que ella se estaba muriendo, y lo arrastré con todas mis fuerzas? ¡Sí! Sin embargo, usted vio como ella me agradeció, con sus bellos ojos moribundos, su voz también tan débil, y besó mi ruda y vieja mano y me bendijo.
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