Drácula (Abraham Stroker) - pág.160
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Yo espero que no haya necesidad de pesquisas, pues si las hubiera, eso seguramente mataría a la pobre Lucy, si no la mata otra cosa. Yo sé, y usted sabe, y el otro doctor que la atendía a ella también, que la señora Westenra padecía de una enfermedad del corazón; nosotros podemos certificar que murió de ella. Llenemos inmediatamente el certificado y yo mismo lo llevaré al registro, y pasaré al servicio de pompas fúnebres.
-¡Bien, amigo John! ¡Muy bien pensado! Verdaderamente, si la señorita Lucy tiene que estar
triste por los enemigos que la asedian, al menos puede estar contenta de los amigos que la aman. Uno, dos, tres, todos abren sus venas por ella, además de un viejo como yo. ¡Ah sí!, yo lo sé, amigo John; no estoy ciego; ¡lo quiero a usted más por ello! Ahora, váyase.
En el corredor encontré a Quincey Morris con un telegrama para Arthur diciéndole que la señora Westenra había muerto; que Lucy también habí a estado enferma, pero que ya estaba mejorando; y que van Helsing y yo estábamos con ella. Le dije adónde iba, y me instó a que me apresurara. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, me dijo:
-Cuando regreses, Jack, ¿puedo hablarte a solas?
Moví la cabeza afirmativamente y salí. No encontré ninguna dificultad para hacer el registro, y convine con la funeraria local en que llegaran en la noche y tomaran las medidas del féretro e hiciesen los demás preparativos.
Cuando regresé, Quincey me estaba esperando. Le dije que lo vería tan pronto como supiera algo acerca de Lucy, y subí a su cuarto. Todavía estaba durmiendo, y aparentemente mi maestro no se había movido de su asiento al lado de ella. Por la manera como se puso el dedo sobre los labios, adiviné que esperaba que se despertara de un momento a otro, y estaba temeroso de adelantarse a la naturaleza. Así es que bajé donde Quincey y lo llevé al desayunador, donde las celosías no estaban bajadas y por lo cual era un poco más alegre, o mejor dicho, menos triste que los otros cuartos. Cuando estuvimos solos, me dijo:
-Jack Seward, no quiero entrometerme en ningún lugar donde no tenga derecho a estar, pero esto no es ningún caso ordinario. Tú sabes que yo amaba a esta muchacha y quería casarme con ella; pero, aunque todo eso está pasado y enterrado, no puedo evitar sentirme ansioso acerca de ella.
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