Drácula (Abraham Stroker) - pág.146
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Aquí está usted, viniendo y preguntando acerca de mi oficio, cuando no tenía yo nada en la barriga. Mi primer intento fue despedirlo sin decirle nada. Ni siquiera cuando usted me preguntó en forma medio sarcástica si quisiera que usted le preguntara al superintendente si usted podía hacerme algunas preguntas. Sin ofenderlo, ¿le dije que se fuera al diablo?
-Sí, me lo dijo.
-Y cuando usted dijo que daría un informe sobre mí por usar lenguaje obsceno, eso fue como si me golpeara sobre la cabeza; pero me contuve: lo hice muy bien. Yo no iba a pelear, así es que esperé por la comida e hice con mi escudilla como hacen los lobos, los leones y los tigres. Pero, que Dios tenga compasión de usted ahora que la vieja me ha metido un trozo de su pastel en la barriga, me ha remojado con su floreciente tetera, y que yo he encendido mi tabaco. Puede usted rascarme las orejas todo lo que quiera, y no dejaré escapar ni un gruñido. Comience a preguntarme. Ya sé a lo que viene: es por ese lobo que se escapó.
-Exactamente. Quiero que usted me dé su punto de vista sobre ello. Sólo dígame cómo sucedió, y cuando conozca los hechos haré que me diga sus opiniones sobre la causa de ellos, y cómo piensa que va a terminar todo el asunto.
-Muy bien, gobernador. Esto que le digo es casi toda la historia. El lobo ese que llamábamos Bersicker era uno de los tres grises que vinieron de Noruega para Jamrach, y que compramos hace cuatro años. Era un lobo bueno, tranquilo, que nunca causó molestias de las que se pudiera hablar. Estoy verdaderamente sorprendido de que haya sido él, entre todos los animales, quien haya deseado irse de aquí. Pero ahí tiene, no puede fiarse uno de los lobos, así como no puede uno fiarse de las mujeres.
-¡No le haga caso, señor! -interrumpió la señora Bilder, riéndose alegremente-. Este viejo ha estado cuidando durante tanto tiempo a los animales, ¡que maldita sea si no es él mismo como un lobo viejo! Pero todo lo dice sin mala intención.
-Bien, señor, habían pasado como dos horas después de la comida, ayer, cuando escuché por primera vez el escándalo. Yo estaba haciendo una cama en la casa de los monos para un joven puma que está enfermo; pero cuando escuché los gruñidos y aullidos vine inmediatamente a ve r.
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