Drácula (Abraham Stroker) - pág.144
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Yo seré el donante. Usted ya está débil.
Y al decir esto, se despojó de su chaqueta y se enrolló la manga de la camisa.
Otra vez la operación; nuevamente el narcótico. Una vez más regresó el color a las mejillas cenizas, y la respiración regular del sueño sano. Esta vez yo la vigilé mientras van Helsing se recluía y descansaba.
Poco después aprovechó una oportunidad para decirle a la señora Westenra que no debía quitar nada del cuarto de Lucy sin consultarlo. Que las flores tenían un valor medicinal, y que respirar su olor era parte del sistema de curación. Entonces se hizo cargo del caso él mismo, diciendo que velaría esa noche y la siguiente, y que me enviaría decir cuándo debería yo venir.
Al cabo de otra hora, Lucy despertó de su sueño, fresca y brillante, y desde luego mirándose mucho mejor de lo que se podía esperar debido a su terrible prueba.
¿Qué significa todo esto? Estoy comenzando a preguntarme si mi larga costumbre de vivir entre locos no estará empezando a ejercer influencia sobre mi propio cerebro.
Del diario de Lucy Westenra
17 de septiembre. Cuatro días y noches de paz. Me estoy poniendo otra vez tan fuerte que apenas me reconozco. Es como si hubiera pasado a través de una larga pesadilla, y acabara de despertar para ver alrededor de mí los maravillosos rayos del sol, y para sentir el aire fresco de la mañana. Tengo un ligero recuerdo de largos y ansiosos tiempos de espera y temor; una oscuridad en la cual no había siquiera la más ligera esperanza de hacer menos punzante la desesperación. Y luego, los largos períodos de olvido, y el regreso hacia la vida como un buzo que sale a la superficie después de sumergirse. Sin embargo, desde que el doctor van Helsing ha estado conmigo, todas estas pesadillas parecen haberse ido; los ruidos que solían asustarme hasta sacarme de quicio, el aleteo contra las ventanas, las voces distantes que parecían tan cercanas a mí, los ásperos sonidos que venían de no sé dónde y me ordenaban hacer no sé qué, todo ha cesado. Ahora me acuesto sin ningún temor de dormir. Ni siquiera trato de mantenerme despierta. Me he acostumbrado bastante bien al ajo; todos los días me llega desde Haarlem una caja llena. Hoy por la noche se irá el doctor van Helsing, ya que tiene que estar un día en Ámsterdam.
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