Drácula (Abraham Stroker) - pág.140
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Mientras hablaba, Lucy había estado examinando las flores y oliéndolas. Luego las tiró, diciendo, medio en risa medio en serio:
-Profesor, yo creo que usted sólo me está haciendo una broma. Estas flores no son más que ajo común.
Para sorpresa mía, van Helsing se puso en pie y dijo con toda seriedad, con su mandíbula de acero rígida y sus espesas cejas encontrándose:
-¡No hay ningún juego en esto! ¡Yo nunca bromeo! Hay un serio propósito en lo que hago, y le prevengo que no me frustre. Cuídese, por amor a los otros si no por amor a usted misma -añadió, pero viendo que la pobre Lucy se había asustado como tenía razón de estarlo, continuó en un tono más suave-: ¡Oh, señorita, mi querida, no me tema! Yo sólo hago esto por su bien; pero hay mucha virtud para usted en esas flores tan comunes. Vea, yo mismo las coloco en su cuarto. Yo mismo hago la guirnalda que usted debe llevar. ¡Pero cuidado! No debe decírselo a los que hacen preguntas indiscretas.
Debemos obedecer, y el silencio es una parte de la obediencia; y obediencia es llevarla a usted fuerte y llena de salud hasta los brazos que la esperan. Ahora siéntese tranquila un rato. Venga conmigo, amigo John, y me ayudará a cubrir el cuarto con mis ajos, que vienen desde muy lejos, desde Haarlem, donde mi amigo Vanderpool los hace crecer en sus invernaderos durante todo el año. Tuve que telegrafiar ayer,
o no hubieran estado hoy aquí.
Entramos en el cuarto, llevando con nosotros las flores. Las acciones del profesor eran verdaderamente raras y no creo que se pudiera encontrar alguna farmacopea en la cual yo encontrara noticias. Primero cerró las ventanas y las aseguró con aldaba; luego, tomando un ramo de flores, frotó con ellas las guillotinas, como para asegurarse de que cada soplo de aire que pudiera pasar a través de ellas estuviera cargado con el olor a ajo. Después, con el manojo frotó los batientes de la puerta, arriba, abajo y a cada lado, y alrededor de la chimenea de la misma manera. Todo me pareció muy grotesco, y al momento le dije al profesor:
-Bien, profesor, yo sé que usted siempre tiene una razón por lo que hace, pero esto me deja verdaderamente perplejo. Está bien que no hay ningún escéptico a los alrededores, o diría que usted está haciendo un conjuro para mantener alejado a un espíritu maligno.
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