Drácula (Abraham Stroker) - pág.135
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El informe fue bueno; había estado tranquilo durante el último día y la última noche.
Mientras estaba cenando, me llegó un telegrama de van Helsing, desde Ámsterdam, sugiriéndome que me dirigiera a Hillingham por la noche, ya que quizá sería conveniente estar cerca, y haciéndome saber que él saldría con el correo de la noche y que me alcanzaría temprano por la mañana.
9 de septiembre. Estaba bastante cansado cuando llegué a Hillingham. Durante dos noches apenas había podido dormir, y mi cerebro estaba comenzando a sentir ese entumecimiento que indica el agotamiento cerebral. Lucy estaba levantada y animosa.
Al estrecharme la mano me miró fijamente a la cara, y dijo:
-Usted no se sentará hoy toda la noche. Está acabado. Yo ya estoy bastante bien otra vez; de hecho, me siento perfectamente, y si alguien va a cuidar a alguien, entonces yo seré quien lo cuide a usted.
No tuve ánimos para discutir, sino que me fui a cenar.
Lucy subió conmigo, y avivado por su encantadora presencia, comí con bastante apetito y me tomé un par de vasos del más excelente oporto. Entonces Lucy me condujo arriba y me mostró un cuarto contiguo al de ella, donde estaba encendido un acogedor fogón.
-Ahora -dijo ella-, usted debe quedarse aquí. Dejaré esta puerta abierta, y también mi puerta. Puede acostarse en el sofá, pues sé que nada podría inducir a un médico a descansar debidamente en una cama mientras hay un paciente al lado. Si quiero cualquier cosa gritaré, y usted puede estar a mi lado al momento.
No pude sino asentir, pues estaba muerto de cansancio, y no hubiera podido mantenerme sentado aunque lo hubiese intentado. Así es que, haciendo que renovara su promesa de llamarme en caso de que necesitase algo, me acosté en el sofá y me olvidé completamente de todo.
Del diario de Lucy Westenra
9 de septiembre. Me siento feliz hoy por la noche. He estado tan tremendamente débil, que ser capaz de pensar y moverme es como sentir los rayos del sol después de un largo período de viento del este y de cielo nublado y gris. Arthur se siente muy cerca de mí. Me parece sentir su presencia caliente alrededor de mí. Supongo que es porque la enfermedad y la debilidad vuelven egoísta, y vuelven nuestros ojos internos y nuestra simpatía sobre nosotros mismos, mientras que la salud y la fuerza dan rienda suelta al amor, y en pensamiento y sentimiento puede uno andar donde uno quiera.
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