Drácula (Abraham Stroker) - pág.132
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Esto me dio una idea de la terrible tensión a que debió haber estado sometido el organismo de Lucy, ya que lo que debilitaba a Arthur apenas la mejoraba parcialmente a ella. Pero el rostro de mi maestro estaba rígido, y estuvo con el reloj en la mano y con la mirada fija ora en la paciente, ora en Arthur. Yo podía escuchar los latidos de mi corazón. Finalmente dijo, en voz baja:
-No se mueva un instante. Es suficiente. Usted atiéndalo a él; yo me ocuparé de ella.
Cuando todo hubo terminado, pude ver cómo Arthur estaba debilitado. Le vendé la herida y lo tomé del brazo para ayudarlo a salir, cuando van Helsing habló sin volverse; el hombre parecía tener ojos en la nuca.
-El valiente novio, pienso, merece otro beso, el cual tendrá de inmediato.
Y como ahora ya había terminado su operación, arregló la almohada bajo la cabeza de la paciente. Al hacer eso, el estrecho listón de terciopelo que ella siempre parecía usar alrededor de su garganta, sujeto con un antiguo broche de diamante que su novio le había dado, se deslizó un poco hacia arriba y mostró una marca roja en su garganta. Arthur no la notó, pero yo pude escuchar el profundo silbido de aire inhalado, que es una de las maneras en que van Helsing traiciona su emoción. No dijo nada de momento, pero se volvió hacia mí y dijo:
-Ahora, baje con nuestro valiente novio, dele un poco de vino y que descanse un rato. Luego debe irse a casa y descansar; dormir mucho y comer mucho, para que pueda recuperar lo que le ha dado a su amor. No debe quedarse aquí. ¡Un momento! Presumo, señor, que usted está ansioso del resultado; entonces lléveselo consigo, ya que de todas maneras la operación ha sido afortunada. Usted le ha salvado la vida esta vez, y puede irse a su casa a descansar tranquilamente, pues ya se ha hecho todo lo
que tenía que hacerse. Yo le diré a ella lo sucedido cuando esté bien; no creo que lo deje de querer por lo que ha hecho. Adiós.
Cuando Arthur se hubo ido, regresé al cuarto. Lucy estaba durmiendo tranquilamente, pero su respiración era más fuerte; pude ver cómo se alzaba la colcha a medida que respiraba. Al lado de su
cama se sentaba van Helsing, mirándola intensamente.
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