Drácula (Abraham Stroker) - pág.101
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Me sentí triste al notar que mi torpeza con el imperdible la había herido. De hecho, pudo haber sido algo serio, pues la piel de su garganta estaba agujereada. Debo haber agarrado un pedazo de piel con el imperdible, atravesándolo, pues hay dos pequeños puntos rojos como agujeritos de alfiler, y sobre el cuello de su camisón de noche había una gota de sangre. Cuando me disculpé y le mostré mi preocupación por ello, Lucy rió y me consoló, diciendo que ni siquiera lo había sentido. Afortunadamente, no le quedará cicatriz, ya que son orificios diminutos.
Mismo día, por la noche. Hemos pasado el día muy contentas. El aire estaba claro, el sol brillante y había una fresca brisa. Llevamos nuestro almuerzo a los bosques de Mulgrave; la señora Westenra conduciendo por el camino, Lucy y yo caminando por el sendero del desfiladero y encontrándonos con ella en la entrada. Yo me sentí un poco triste, pues pude darme cuenta de cómo hubiera sido absolutamente feliz si hubiera tenido a Jonathan a mi lado. Pero, ¡vaya! Sólo debo ser paciente. Por la noche dimos una caminata hasta el casino Terraza, y escuchamos alguna buena música por Spohr y Mackenzie, y nos acostamos muy temprano. Lucy parece estar más tranquila de lo que había estado en los últimos tiempos, y yo me dormí de inmediato. Aseguraré la puerta y guardaré la llave de la misma manera que antes, pues no creo que esta noche haya ningún problema.
12 de agosto. Mis predicciones fueron erróneas, pues dos veces durante la noche fui despertada por Lucy, que estaba tratando de salir. Parecía, incluso dormida, estar un poco impaciente por encontrar la puerta cerrada con llave, y se volvió a acostar profiriendo quejidos de protesta. Desperté al amanecer y oí los pájaros piando fuera de la ventana. Lucy despertó también, y yo me alegré de ver que estaba incluso mejor que ayer por la mañana. Toda su antigua alegría parece haber vuelto, y se pasó a mi cama apretujándose a mi lado para contarme todo lo de Arthur. Yo le dije a ella cómo estaba ansiosa por Jonathan, y entonces, trató de consolarme. Bueno, en alguna medida lo consiguió, ya que aunque la conmiseración no puede alterar los hechos, sí puede contribuir a hacerlos más soportables.
13 de agosto. Otro día tranquilo, y me fui a cama con la llave en mi muñeca como antes.
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