Drácula (Abraham Stroker) - pág.70
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.., sencillamente cayendo bajo el peso de las mentiras escritas en ellas. Los "Aquí yacen los restos" o "A la memoria sagrada" están escritos sobre ellas y, no obstante, ni siquiera en la mitad de ellas hay cuerpo alguno; a nadie le ha importado un comino sus memorias y mucho menos las han santificado. ¡Todo es mentira, sólo mentiras de un tipo o de otro! ¡Santo Dios! Pero el gran repudio vendrá en el Día del Juicio Final, cuando todos salgan con sus mortajas, todos unidos tratando de arrastrar con ellos sus lápidas para probar lo buenos que fueron; algunos de ellos temblando, cayendo con sus manos adormecidas y resbalosas por haber yacido en el mar, a tal punto que ni siquiera podrán mantenerse unidos.
Por el aire satisfecho del anciano y por la forma en que miraba a su alrededor en busca de apoyo a sus palabras, pude observar que estaba alardeando, de manera que dije algo que le hiciera continuar.
-¡Oh, señor Swales, no puede hablar en serio! Ciertamente todas las lápidas no pueden estar mal.
-¡Pamplinas! Puede que escasamente haya algunas que no estén mal, excepto en las que se pone demasiado bien a la gente; porque existen personas que piensan que un recipiente de bálsamo podría ser como el mar, si tan sólo fuera suyo. Todo eso no son sino mentiras. Escuche, usted vino aquí como una extraña y vio este atrio de iglesia.
Yo asentí porque creí que lo mejor sería hacer eso. Sabía que algo tenía que ver con el templo. El hombre continuó:
-Y a usted le consta que todas esas lápidas pertenecen a personas que han sido sepultadas aquí, ¿no es verdad?
Volví a asentir.
-Entonces, es ahí justamente en donde aparece la mentira. Escuche, hay veintenas de tales
sitios de reposo que son tumbas tan antiguas como el cajón del viejo Dun del viernes por la noche -le dio un codazo a uno de sus amigos y todos rieron-. ¡Santo Dios! ¿Y cómo podrían ser otra cosa? Mire esa, la que está en la última parte del cementerio, ¡léala!
Fui hasta ella, y leí:
-Edward Spencelagh, contramaestre, asesinado por los piratas en las afueras de la costa de Andres, abril de 1845, a la edad de 30 años.
Cuando regresé, el señor Swales continuó:
-Me pregunto, ¿quién lo trajo a sepultar aquí? ¡Asesinado en las afueras de la costa de Andres! ¡Y a ustedes les consta que su cuerpo reposa ahí!.
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