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Lo que el viento se llevó (Margaret Mitchell) - pág.25

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Pero la próxima vez llegaba y pasaba, y el resultado era nulo, nulo salvo en que la fiebre que la atacaba se hacía cada vez más alta y más ardiente. Le quería y le necesitaba, pero no le comprendía. Ella era tan natural y sencilla como los vientos que soplaban sobre Tara, como el amarillo río que la surcaba, y hasta el fin de sus días sería incapaz de comprender nada complejo. Y ahora, por primera vez en su vida, se encontraba frente a una naturaleza compleja.
Porque Ashley provenía de un linaje de hombres que entretenían sus ocios en pensar, no en obrar, en tener brillantes y coloridos sueños sin un ápice de realidad. Se movía en un mundo interior que era más hermoso que Georgia, y le costaba trabajo volver a la realidad. Miraba a la gente, y ni le gustaba ni le disgustaba. Miraba a la vida, y ni le alegraba ni le entristecía. Aceptaba el universo y su puesto en él tales como eran, y, encogiéndose de hombros volvía a su música, a sus libros y a su mundo mejor.
¿Cómo podía haber cautivado a Scarlett con una mente tan distinta de la suya? Ella no lo sabía. Aquel mismo misterio excitaba su curiosidad como una puerta que no tiene llave ni cerradura. Lo que tenía él de incomprensible acrecía en ella su amor, y la extraña y comedida corte que le hacía servía únicamente para aumentar su decisión de hacerlo suyo. No dudó nunca de que se declararía algún día, pues era ella demasiado joven y demasiado mimada para conocer la derrota. Y ahora, como un trueno, había llegado aquella horrible noticia. ¡Casarse Ashley con Melanie! ¡No podía ser cierto!
¡Pero si todavía la semana anterior, cuando regresaban a caballo de Fairhill, al anochecer, él había dicho: «Scarlett, tengo algo tan importante que decirte que apenas sé cómo expresarlo»!
Ella había bajado los ojos recatadamente, mientras el corazón le palpitaba con salvaje alegría pensando que llegaba el feliz momento. Entonces, él había dicho: «Ahora, no. Estamos cerca de casa y no hay tiempo. ¡Oh, Scarlett, qué cobarde soy!» Y picando espuelas a su caballo, había subido al galope la colina hasta Tara.
Sentada en el tocón, Scarlett pensó en aquellas palabras que la habían hecho tan feliz, y de repente tomaron éstas otro sentido, un sentido horrible. ¿Ysi era la noticia de sus esponsales lo que había intentado decirle?
-¡Oh, si al menos llegara papá!
Scarlett no podía soportar la duda un momento más. Miró otra vez con impaciencia hacia el camino, y de nuevo se sintió defraudada.


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