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El Valle del Terror (Arthur Conan Doyle) - pág.34

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Pero debemos estar agradecidos de lo que tenemos. Si no podemos saber hacia dónde se fue, por lo menos podemos conocer su origen. ¿Pero qué en nombre de todo lo sorprendente pudo hacer que este individuo la dejara atrás? ¿Y cómo se ha alejado sin ella? No parecemos tener un destello de luz en este caso, Mr. Holmes.

- ¿No? – respondió mi amigo pensativamente -. ¡Desearía saberlo!


Capítulo V
LA GENTE DEL DRAMA
- ¿Ha visto todo lo que desea del estudio? – le interrogó White Mason mientras volvíamos a entrar a la casa.

- Por ahora – declaró el inspector. Holmes asintió.

- Entonces quizá les gustaría oír la evidencia de algunas de las personas de la mansión. Podemos usar el comedor, Ames. Por favor entre usted primero y díganos lo que sepa.


El relato del mayordomo fue simple y nítido, y dio una convincente impresión de sinceridad. Había sido contratado hace cinco años, cuando Douglas vino por primera vez a Birlstone. Entendió que Mr. Douglas era un rico caballero que había hecho su fortuna en América. Era un empleador amable y considerado, no como los que Ames se había acostumbrado, tal vez; pero uno no puede obtener todo. Nunca vio signos de recelos en Mr. Douglas. Al contrario, era el hombre con menos temor que haya conocido. Ordenaba levantar el puente levadizo cada noche porque ésa era la antigua costumbre en la vieja mansión y le gustaba seguir con aquellas.
Mr. Douglas raramente iba a Londres o dejaba el pueblo; pero el día anterior al crimen había estado haciendo compras en Tunbridge Wells. Él (Ames) observó falta de sueño y excitación de parte de Mr. Douglas en ese día; parecía impaciente e irritable, lo que era inusual en él. No había ido a la cama aquella noche; sino que estaba en la despensa a la espalda de la casona guardando la vajilla de plata, cuando oyó la campanilla furiosamente. No escuchó disparo alguno, pero era casi imposible que lo lograra, puesto que la despensa y las cocinas se hallaban en la misma espalda de la casa y habían varias puertas cerradas y un largo pasadizo en medio. El ama de llaves había salido de su cuarto, atraída por el violento campanillazo. Habían ido hasta la fachada juntos.
A la vez que llegaban al fondo de las escaleras él vio a Mrs.


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